domingo, 14 de junio de 2026

La nueva idolatría: Inteligencia Artificial.

La nueva idolatría: Inteligencia Artificial

En su excelencia y novedad estructural a la hora de recopilar y procesar información con vistas a la toma de decisiones, la IA plantea problemas antiguos: la relación entre ciencia y moral; entre determinismo y libertad; entre el intelecto y la totalidad de lo humano. Y un sinfín más.

 

Por ejemplo, ante su cúmulo de conocimientos, cabe invocar a Immanuel Kant, para quien «Toda la ciencia del mundo no puede producir ni un gramo de ética». Se han señalado además las ausencias de la relacionalidad y la afectividad, la falta de sabiduría o de sabiduría práctica: es decir, la parcialidad de la IA. La propia lógica binaria es en sí misma parcial y engañosa, porque no tiene en cuenta las polaridades que atraviesan las alternativas binarias acercándolas.


Hay quien compara la IA con la gnosis que, ya desde los siglos II-III, había construido un mecanismo típicamente binario de cognición que configuraba un marco ético de contraposición entre cuerpo y espíritu; que menospreciaba la corporeidad, ya fuera absteniéndose de ella (gnosis continente) o abusando de ella (gnosis libertina), por no ser determinante del valor ético del ser humano.

 

Ahora la corporeidad ha asumido un papel decisivo para la ética, y a quien se adentra en estos mecanismos comparativos, le diríamos que la artificialidad de ese mecanismo binario reduccionista ya se había enfrentado entonces a la mayor complejidad - holismo - de lo real y había fracasado en el ataque frontal. Pero el enemigo no ha sido aniquilado.

 

Entonces, la gnosis no tenía el poder político del que ahora disfruta la IA: y eso marca una diferencia en cuanto a peligrosidad. ¿Cómo controlar esta peligrosidad y asignar a la IA el lugar que le corresponde como instrumento en manos del hombre, para ser utilizado dentro del perímetro de la magnifica humanitas?


Según se dice, el mercado está recorriendo un camino, a su manera. Este, en la lucha competitiva, le quita a la IA el pasto del que se alimenta, como se hace con los virus en las epidemias: es decir, quitándole cierta información, dándole otra o incluso falsificándola. Así, engañada, no puede sino tomar decisiones determinadas. Y pone de manifiesto su falta de fiabilidad. Creada para la lógica del tener y del poder, la IA se convierte en víctima de su propia lógica. Pero este camino del engaño arruina la bondad de la herramienta y pone en crisis también su buen uso.

 

El verdadero camino del uso bueno y controlado pasa por recuperar la primacía de la política sobre las actividades éticas y, con mayor razón, sobre las herramientas.

 

Para domar la IA, parecen estar mejor equipados los regímenes dictatoriales que la utilizan con fines ideológicos bajo un férreo control político. Como se hace en China. Y no es casualidad que la IA favorezca el surgimiento de tales regímenes. Pero así el peligro se desplaza de la independencia de la herramienta a la autocracia de quien la utiliza. No es lo ideal. Aunque estemos más acostumbrados a lidiar con la imprevisibilidad, siempre humana, de los dictadores que con la dictadura inédita de una herramienta anónima e irresponsable.


Pero el verdadero camino hacia la primacía de la política asume el control y la mejora de la IA, dotándola de datos cada vez más completos (y esta es tarea de la ciencia), pero previendo, por así decirlo, el desfase constitutivo y, por tanto, perenne de precariedad, parcialidad e imprecisión, así como la falsabilidad de la ciencia, en la que deben intervenir siempre, en el momento ejecutivo, la presencia personal y la decisión política.

 

El Papa León XIV tiene razón en una cosa: en el instar al máximo compromiso de la humanidad con la IA, al igual que —y quizá incluso más que— con las cuestiones éticas más delicadas.

 

Porque con la IA, la ética, que hoy tanto quiere sustraerse a una ley moral heterónoma corre el riesgo de entregar su autonomía no al sujeto humano, sino a una obra irresponsable de sus propias manos. Y en ello reside la esencia de la idolatría (Salmos, 115, 4-8).


El reto es mantener alto el umbral de la atención ética. Como debería ser para todas aquellas cuestiones que, aunque bien presentes en la encíclica Magnifica Humanitas, el énfasis en la IA tiende a borrar: la paz, el bien común, la destinación universal de los bienes, la justicia social, la ecología, la política y la economía…

 

Sin embargo, para restablecer la primacía de la política, es decir, del hombre integral, incluso sobre la IA, no habrá que perder de vista la mencionada encíclica también en estas partes, que seguramente serán descuidadas por los medios de comunicación, a los que, en una época de liberalismo imperante, les parece de maravilla descartarlas como “res veteres”, es decir, cosas viejas. Y acabando así por no tener ningún criterio de juicio ni siquiera sobre la “res nova”.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Qué presente y futuro cristianismo católico en Europa

Qué presente y futuro cristianismo católico en Europa Detrás o debajo de esta reflexión está la lectura de un artículo del Periódico “ Ara ”...