lunes, 6 de julio de 2026

El Evangelio: mapa de la felicidad- San Mateo 13, 44-52 -.

El Evangelio: mapa de la felicidad- San Mateo 13, 44-52 -

 

Tesoro: palabra mágica, palabra de enamorados, de aventuras, de cuentos de hadas, pero también del Evangelio, uno de los nombres más bellos de Dios.

 

El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro. Al Reino le ocurre lo mismo que a quien encuentra un tesoro o una perla: un cambio radical, un vuelco total y gozoso que transforma la existencia. Un tesoro no es el pan de cada día, es una revolución de la vida.

 

Pues bien, incluso en días desilusionados y descontentos, como los nuestros, el Evangelio se atreve a anunciar tesoros. Se atreve a decir que el desenlace de la historia será feliz, feliz de todos modos, feliz a pesar de todo. Porque en el mundo están en juego fuerzas más grandes que nosotros, que no desaparecerán, a las que siempre podemos recurrir, un don inmerecido. El Reino es de Dios, pero es para el hombre.

 

Un hombre encuentra un tesoro y, lleno de alegría, se marcha. La alegría es el primer tesoro que el tesoro nos regala. Que el Evangelio nos regala. Entrar en él es como adentrarse en un río de alegría, respirar un aire fresco y cargado de polen. ¡Dios establece con nosotros la pedagogía de la alegría!

 

En el libro del Eclesiástico se recoge un texto sorprendente: Hijo, en la medida de lo posible, trátate bien... No te prives ni de un solo día feliz (Eclo 14,11.14). Es la afectuosa invitación del Padre a sus hijos, el rostro de un Dios atractivo, bello, radiante, cuyo objetivo no es que estos hijos siempre rebeldes que somos le obedezcamos o le recemos, sino que emplea toda su pedagogía para criar hijos felices. Como cualquier padre y madre. ¡Hijo, no te prives de un día feliz! Antes de pedir oraciones, Dios ofrece tesoros. Y el Evangelio tiene el mapa para encontrarlos.

 

Ese hombre va y vende lo que tiene. El labrador y el comerciante lo venden todo, pero para ganarlo todo. No se tira nada, no pierden nada, lo invierten. Hacen un buen negocio. Así son los cristianos: eligen y, al elegir bien, ganan. No son más buenos que los demás, sino más ricos: tienen un tesoro de esperanzas, de valor, de libertad, de corazón, de Dios.

 

«Crece en mí la convicción de que llevo un tesoro de oro fino que debo entregar a los demás» - Simone Weil -.

 

Tesoro y perla son los nombres que el enamorado da a su amor. Con la carga de afecto y alegría, con la energía arrolladora, con el futuro que desprende. Dos nombres de Dios, para Jesús. El Evangelio me apremia: ¿Dios es para ti un tesoro o solo una carga? ¿Es la perla de tu vida o solo un deber?

 

Me siento un labrador afortunado, un comerciante rico, porque conozco el placer de creer, el placer de amar a Dios: una fiesta del corazón, de la mente, del alma.

 

¡No es un motivo de orgullo, sino una responsabilidad! Y doy las gracias a Aquel que me ha hecho tropezar con un tesoro, con muchas perlas, a lo largo de muchos caminos, en muchos días de mi vida.

 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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