Es cuestión de otra perspectiva y de otro método - San Mateo 13, 24-43 -
Una parábola sencilla y poderosa que, si la acogemos,
puede cambiar nuestra relación con Dios, llevándonos de lo negativo a lo
positivo, de la mirada juzgadora a la acogedora, de los ojos de la sombra a los
ojos de la mañana.
A mí también me pasó, hace ya muchos años: me sacó de
la fe entendida como una sala de tribunal, y me perdí felizmente en un campo de
trigo.
Es cuestión de perspectiva: los ojos de los siervos se
fijan en la cizaña, en lo negativo; los del amo se posan en el trigo bueno. Es
cuestión de prioridades: ¿quieres que vayamos a arrancarla?
La respuesta es clara: no, porque pondríais en peligro el trigo,
que es lo primero y vale más.
Es cuestión de método: ¿quieres que la arranquemos de
raíz?
El Dios de la paciencia campesina utiliza otros
medios. Él no es destructivo, siembra; no destruye, crea.
La voz del instinto me sugiere que siga el ejemplo de
los siervos: arranca de raíz tus defectos, lo infantil, lo erróneo, lo inmaduro, lo
defectuoso que hay en ti. Arranca y te sentirás bien.
El Evangelio habla con otra voz: ten paciencia, no tengas prisa,
no destruyas. Tú no eres tus defectos, sino tus maduraciones; no
coincides con la cizaña que tienes en el corazón, sino con tus buenas espigas.
Ten veneración por todas las energías positivas, las
semillas de vida, de generosidad, de belleza, de paz y de justicia que Dios ha
sembrado en ti. Haz que emerjan con toda su fuerza, y verás cómo la cizaña va
disminuyendo.
El dueño del campo es un grande: no teme que la cizaña
prevalezca, confía en que será el trigo el que vencerá. No se guía por sus
miedos, sino por sus sueños: el trigo que llega a la altura del corazón, el
aroma del pan sobre la mesa, la profecía del hambre saciada.
Una perspectiva radiante, confiada, divina: el mal no
anula el bien; es, por el contrario, el bien el que anula el mal en tu vida.
Debemos actuar con nosotros mismos como Dios lo hace
con la creación: para vencer la oscuridad de la noche, enciende cada día su
mañana; para vencer el invierno, envía el sol de la primavera; para hacer
florecer la estepa, hace volar por el aire millones de semillas.
Así, nuestro espíritu es capaz de grandes cosas solo
si tiene fuertes pasiones positivas, no grandes reacciones instintivas.
Cada uno de nosotros puede adoptar esta mirada
positiva y vital hacia el ámbito del corazón, liberándose de los falsos
exámenes de conciencia negativos.
Nuestra conciencia madura, clara y sincera debe
centrarse no tanto en los defectos, sino en el bien y la belleza que se han
sembrado en nosotros. Entonces, nuestra labor religiosa fundamental consistirá
en hacer madurar, en nosotros y en los demás, las semillas divinas, los
talentos, las potencialidades, los gérmenes del cielo.
Hagamos que broten con toda su potencia, con toda su
belleza, y veremos cómo las fuerzas del bien alejan cada vez más la noche.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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