Otro tipo de liderazgo, el basado en otros valores - Luis de la Fuente Castillo -
«No somos líderes por nosotros mismos, sino por el bien de los demás» (Simon Sinek).
En las instituciones, organizaciones,…, existen diversas figuras de referencia que deben poseer cualidades de liderazgo. Si tomamos como ejemplo los clubes deportivos, y en concreto al entrenador, este podría definirse como aquella persona que tiene la tarea de entrenar, motivar, escuchar, supervisar y asesorar a muchas personas que, unidas, forman un equipo, un grupo de trabajo.
Existe una estrecha correlación entre el vínculo que se crea entre el entrenador y su equipo, y los resultados y objetivos que el club exige que se alcancen.
Es verdad. El entrenador puede ser un buen profesional, en tanto que jefe nombrado por alguien (por el presidente, por un directivo deportivo, etc.), pero también puede ser una figura que, con la mirada puesta en la excelencia, además de ser un buen profesional, es un líder, una figura carismática capaz de impulsar a las personas hacia el objetivo, la meta.
Tomando siempre como referencia el mundo del fútbol, esta
reflexión puede extenderse sin problemas al presidente, al director deportivo,
al capitán o a cualquiera que dirija un equipo. Y, evidentemente, esta
reflexión puede extenderse al mundo de la sociedad, de la política, de la
Iglesia,…, y a la vida cotidiana.
Pero ¿qué es el liderazgo?
En un intento por responder a esta pregunta, empezaría planteando otra que surge de forma espontánea: dado que cualquiera puede ser nombrado jefe, ¿son todos los jefes también líderes?
La respuesta es relativamente sencilla: no, no todos los jefes son también líderes. Y esta idea se entiende mejor analizando con algo más de detalle el concepto de liderazgo.
Existen cientos de definiciones de liderazgo; a continuación expongo la que, en mi opinión, es la más significativa y, al mismo tiempo, la más esclarecedora:
El liderazgo consiste en la interacción de quienes, dentro de una estructura jerárquica, ocupan la posición más elevada —lo que se conoce como líderes— con el resto del grupo. Una de las características fundamentales de los miembros de un grupo de alto nivel es la de proponer ideas y actividades en el grupo, utilizando así medios para influir en los miembros del grupo a fin de que modifiquen su comportamiento. Pero, dado que la influencia social es, en cualquier caso, siempre un proceso recíproco, lo que caracteriza a los líderes es que pueden influir en los demás miembros del grupo más de lo que ellos mismos se ven influidos.
Siguiendo con el ejemplo del entrenador, si quiere elevarse al nivel de líder, por poner un ejemplo práctico, en mi opinión, no solo debe ser quien llega primero al campo y prepara las sesiones de entrenamiento, sino que, sobre todo, debe hacer notar su presencia, interactuando y valorando el tiempo que pasa con cada uno de los miembros del equipo, quienes, a su vez, perciben claramente esto y corresponderán a esa atención dando lo mejor de sí mismos en lo que se les pide que hagan.
Y, siempre desde la perspectiva del liderazgo, debe demostrar una coherencia absoluta entre lo que dice y lo que hace.
El entrenador —y en este caso extiendo la pregunta también al ámbito no deportivo—, para poder aspirar a ser un líder, ¿debe ser autoritario o tener autoridad? De joven pensaba que un buen líder era aquel que contaba con una buena combinación, equitativamente repartida.
Con el paso de los años he cambiando de opinión y he ido llegando a la conclusión de que el verdadero líder es aquel que tiene autoridad; no necesita ser autoritario para guiar a su equipo de trabajo hacia la consecución del objetivo. Los miembros de un equipo de trabajo no necesitan ser dirigidos como si fueran un cochecito teledirigido.
Hace unas décadas, en la inmensa mayoría de las empresas, se tendía a ser predominantemente autoritario, con el único resultado de infundir miedo (temor…), crear opositores u obtener lo deseado únicamente por parte de quienes, por su carácter, se tomaban las reprimendas a la ligera o no daban importancia a actitudes que yo calificaría de poco educadas.
Pero los tiempos han cambiado y, en general, estoy
observando un cambio gradual, con la llegada otras generaciones de directivos,
del autoritarismo… a la autoridad.
¿Se nace líder o se llega a serlo?
Desde los tiempos de Aristóteles se ha intentado dar respuesta a esta pregunta. No sé si es posible llegar a una respuesta unívoca y consensuada…
Partiendo de la premisa de que el liderazgo debe entenderse como un conjunto de características creo que se puede ofrecer alguna reflexión al respecto.
Precisamente inspirándome en el filósofo griego, en una de sus obras parece sugerir que el potencial de liderazgo es, en parte, innato.
Con todo, investigaciones más recientes parecen confirmar que, si bien algunas personas pueden tener una predisposición natural para liderar, el liderazgo es también una competencia que puede desarrollarse y perfeccionarse a través del aprendizaje y la experiencia.
El carisma, la asertividad y la capacidad de comunicación son características innatas de algunas personas que las predisponen al liderazgo.
Otras personas, que no tienen esa predisposición desde el nacimiento, pueden convertirse en excelentes líderes al tomar conciencia de la diferencia entre ser un jefe y un líder a través de la autorreflexión, la experiencia, la formación…
También la capacidad de resolver problemas, la capacidad de inspirar y motivar, y la capacidad de adaptación, unidas a la inteligencia emocional, pueden constituir una base sólida para llegar a serlo.
A menudo, también el entorno en el que una persona crece y trabaja, junto con las experiencias que acumula, puede influir en su desarrollo como líder.
En definitiva, considero que también se puede llegar a ser líder con humildad, ganas de aprender, espíritu de sacrificio y compromiso.
A menudo se tiende a pensar que el líder adopta actitudes ostentosas. Pero no es así. Al contrario, volviendo a la idea inicial, los verdaderos líderes tienden a no convertir su figura en un espectáculo; más bien, por el contrario, utilizan su carisma para guiar e influir en los demás.
Hablando de un liderazgo más silencioso, me detendría en una figura que sin duda me llama la atención. Me refiero a Luis de la Fuente Castillo. Es decir, al entrenador de la selección española absoluta de fútbol. No soy periodista y los profesionales ya han escrito ríos de tinta para narrar su vida y sus hazañas deportivas pero le considero un auténtico líder tranquilo, silencioso, discreto... normal.
En uno de los párrafos anteriores abordé el tema «¿Se nace líder o se hace?». Si se plantea esta pregunta a numerosas personas, probablemente se obtendrán numerosas respuestas, la mayoría de las cuales serán diferentes unas de otras. Sin embargo, lo que me atrevo a afirmar es que quien es líder tiende a seguir siéndolo.
El contexto y las competencias desempeñan, en cualquier caso, un papel clave, pero, independientemente del sector en el que opere o del cargo que vaya a ocupar, tenderá de todos modos a poner en práctica los rasgos que le caracterizan y que son propios del liderazgo. Y así me gusta imaginar a esta persona que considero un verdadero ejemplo en este sentido: Luis de la Fuente Castillo.
En su modelo de liderazgo reconozco al menor algunas características principales:
1.- Transmite orgullo a los colaboradores, constituye un buen ejemplo a seguir, lo cual le permite ganarse el respeto de los colaboradores de una forma que potencia la importancia de los valores.
De este modo se forman las competencias técnicas, se construye una mentalidad ganadora y se forma a mejores personas. Esto genera en todos, especialmente en los más jóvenes, lealtad hacia el equipo, ya que son conscientes de la oportunidad que han recibido.
2.- Transmite la visión de hacia dónde se dirige el grupo, motiva a sus miembros y, al mismo tiempo, les anima a asumir tareas exigentes. Transmite optimismo y entusiasmo, y fomenta la autoeficacia.
3.- Fomenta la resolución de problemas mediante estrategias nuevas y creativas.
4.- Reconoce el valor, el esfuerzo y las necesidades de cada uno dentro del
grupo, a través de la empatía, la escucha, la compasión, el proceso de entrenamiento
y motivación.
P. Joseba Kamiruaga
Mieza CMF




No hay comentarios:
Publicar un comentario