jueves, 6 de agosto de 2026

Agradecida gratitud.

Agradecida gratitud 

Tantas veces, por la noche, antes de apagar la luz, repaso mentalmente los acontecimientos del día que acaba de terminar y hago balance de lo que ha salido bien y de lo que, en cambio, no ha funcionado; compruebo si he conseguido hacer todo lo que me había propuesto y ahí es donde suele comenzar la fase de juicio hacia mí mismo: «Hoy tampoco he conseguido terminar todo lo que quería», «He perdido el tiempo», «Soy un desastre». 

Termino el día sumido en la frustración porque la parte negativa de mi jornada parece cobrar más importancia que los logros alcanzados, las emociones positivas que he sentido y los gestos de apoyo de algún compañero atento. 

Incluso cuando vivimos experiencias dolorosas en la vida, nos sentimos bloqueados, incapaces de reaccionar, y entramos en una espiral que nos lleva a ver solo la parte negativa de lo que hemos vivido. 

En mi experiencia, he logrado salir de mi inmovilidad cuando he comprendido, con el corazón, que no podía cambiar los hechos, pero sí podía cambiar mi forma de aceptar lo que había sucedido. 

Quiero precisar «con el corazón» porque, racionalmente, con palabras, es fácil decir «hay que seguir adelante» o «tengo que seguir viviendo», pero mientras no sintamos en el corazón que es lo correcto seguir viviendo, seguiremos bloqueados. 

La gratitud es, para mí, la clave para renacer, para volver a respirar. 

¿Qué es la gratitud? Cito la definición del diccionario: del latín tardío gratitudo –dĭnis, derivado de gratus «agradecido, reconocedor. Es decir aquel sentimiento y estado de ánimo que implica afecto hacia quien nos ha hecho un bien, recuerdo del beneficio recibido y deseo de poder corresponder (es sinónimo de reconocimiento, pero puede indicar un sentimiento más íntimo y cordial). 

Añado que la gratitud es un sentimiento que también podemos sentir hacia nosotros mismos y hacia la vida, ¡no solo hacia los demás! 

El sentimiento de gratitud nos permite establecer una relación diferente con cada acontecimiento, ya sea bueno o malo. Nos lleva a encontrar la belleza incluso allí donde, a primera vista, solo vemos dolor, dificultades o decepción. Nos impulsa a fijarnos en las pequeñas cosas y a apreciarlas, aquellas que a menudo damos por sentadas. 

La gratitud cambia nuestra relación con la vida, porque cada acontecimiento, persona o cosa se convierte en un regalo y una oportunidad de cambio y crecimiento. 

Para mí, ser agradecida no es solo reconocer lo que la vida me ofrece, sino también regalar gratitud. Esto se traduce en dar las gracias: «Gracias por escucharme», «Gracias por dedicarme un poco de tu tiempo», «Gracias por ayudarme», «Gracias por comprenderme», «Gracias por prepararme el café». 

La gratitud no es algo con lo que se nace, sino que es como un músculo: cuanto más la ejercitemos, más fácil nos resultará practicarla. 

Parecen acciones sencillas, casi triviales, pero si se hacen con constancia, cambian por completo la forma de vivir el día a día, las relaciones y los acontecimientos de la vida. 

  • Cambiar de perspectiva: aprender a fijarse en las pequeñas cosas.
  • Estar atentos: a lo largo del día, entrenarse para ver las cosas positivas que suceden (p. ej., una sonrisa inesperada; un compañero que se ofrece a hacer algo por vosotros para aligeraros la carga; la cena lista al llegar a casa).
  • Fijarse en las cosas que tenemos… y que damos por sentadas, como tener una casa, dinero para hacer la compra o poder ir de vacaciones.
  • Escribir: al final del día, coger papel y lápiz y anotar tres cosas del día por las que uno puede estar agradecido (p. ej., un objetivo alcanzado, una tarea completada). 

A lo mejor hay que dejar de darlo todo por sentado, de dar más importancia a lo que no sale como me gustaría. Todo lo que me ocurre tiene una razón, a veces fácilmente reconocible, otras veces invisible. Depende de mí detenerme y encontrar el «porqué» o, simplemente, aceptar sin juzgar lo que estoy viviendo. 

Aprender a ser agradecidos significa aceptar todo lo que tenemos en nuestra vida con la conciencia de que no todo se puede cambiar. Aceptar no significa sufrir pasivamente, sino comprometerse a comprender cómo una determinada situación puede hacernos mejores y permitirnos crecer y evolucionar. 

Lo más difícil es sentirnos agradecidos cuando estamos enfadados, tristes, decepcionados o cuando la vida nos plantea pruebas duras que superar, como vivir un duelo. Al principio resultará muy difícil encontrar un motivo para dar las gracias, pero si nos damos tiempo para observar y escuchar lo que sentimos, lo encontraremos. 

Decidir cultivar la gratitud es un poco como crear un bumerán que, una vez lanzado, nos volverá más rico y potente que antes. 

La gratitud es un sentimiento capaz de cambiar nuestra existencia, llevándonos a vivir el presente con mayor conciencia y a afrontar con más serenidad los acontecimientos, ya sean difíciles o sencillos, que la vida nos depare. 

«No es la felicidad lo que nos hace agradecidos, sino que es la gratitud lo que nos hace felices» (David Steindl-Rast). 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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