Hoy es tiempo también de gratitud
Nos resulta fácil pedir, pero no dar las gracias.
Cuando reflexiono, y a veces escribo, te confieso la revelación que en mi vida va aconteciendo cuando me acerco a la simplicidad del Evangelio, al minimalismo de la Bienaventuranzas y al mandamiento positivo del amor que resume decenas de decálogos.
Y a todo ello puedo añadir la gratitud.
«La práctica diaria de la gratitud es uno de los caminos a través de los cuales te llega la riqueza» (Wallace Wattles).
Uno ya ha comenzado a pensar en aquello por lo que está agradecido y se ha dado cuenta de que el tiempo que dedicaba a quejarme era claramente mayor que el que dedicaba a apreciar lo que tenía.
No lo sé. Tal vez estamos centrados en lo que nos falta, en lo que tienen los demás y nosotros no; las personas que no nos hacen sentir bien parecen ocupar más espacio en nuestra mente que aquellas que nos quieren.
No puedo dejar de tener en cuenta que estamos rodeados de publicidad y mensajes subliminales que nos hacen pensar continuamente en desear cosas materiales, cuerpos de ensueño, viajes de lujo, teléfonos, portátiles…
Y de esto también acuso a algunas redes sociales que podrían ser un medio enorme para compartir cosas bonitas, energía, buenas vibraciones, positividad,…, pero cada vez se parecen más a un catálogo de tonterías.
Afortunadamente, hay personas que nos devuelven a la
realidad, nos muestran la vida cotidiana, nos recuerdan que la vida es así de hermosa,
y no me refiero a las redes sociales, me refiero al señor que pasea por la
calle y te sonríe, al frutero que te deja probar esas fresas tan ricas sin
esperar que las compres, hablo de una madre que te acaricia, de un abrazo
espontáneo de una amiga…
Le debo mucho a estos últimos años de mi vida: vivir sin cargos (¿no serán cargas?) ni responsabilidades, dormir plácidamente tranquilo de discernimientos, reflexiones y decisiones, pasar los días descalzo de aquellos “debo”, “hay que”, “tengo que”…, cuando uno ya no está en aquellos foros donde antes estuvo de decisión y de gobierno o cuando uno ya no es consultado sino sencilla y llanamente obviado…
Y ahora que he empezado a sentir estas sensaciones que me hacen cosquillas en el alma, he entendido por qué: cuanto más te despojas de lo superfluo, más puedes mirarte en profundidad sin distracciones; cuanto más estás en contacto con todo, más sientes el vínculo contigo mismo.
Nos quejamos... nos quejamos por ejemplo de nuestro cuerpo, porque tenemos los muslos gruesos, las caderas anchas y celulitis en el trasero, pero ¿no deberíamos quizá darle las gracias? Nos lleva de paseo por el mundo, nos sostiene y se regenera de forma increíble ante cada herida.
Nos quejamos de quienes no nos merecen, pero ¿no deberíamos dedicarnos a quienes, por el contrario, nos hacen sentir bien y nos regalan su tiempo?
Deberíamos estar agradecidos por despertarnos y tener la
oportunidad de vivir un nuevo día, afrontarlo como si fuera a ser el mejor,
salir en busca de las oportunidades y posibilidades que se esconden a la vuelta
de cada esquina; no es algo que se pueda dar por sentado, no todo el mundo ha
tenido la oportunidad de disfrutar de un nuevo día.
Pensar en aquello por lo que estoy agradecido me hace sentir mucho mejor, más ligero y sereno; los pensamientos positivos que desarrollo atraerán, en consecuencia, otros más, y el curso de las cosas que nos rodean cambiará de dirección.
Ser agradecido, sin dar nada por sentado.
Ser libres precisamente sin lo superfluo.
Ser positivo incluso para atraer más positividad.
“Sed agradecidos por lo que tenéis; acabaréis teniendo más. Si os centráis en lo que no tenéis, nunca tendréis lo suficiente” (Oprah Winfrey).
Aunque yo mismo he escrito estas palabras, soy consciente de que la vida, obviamente no siempre puede ser perfecta; no me levanto cada mañana con una sonrisa y gratitud en el corazón, sino que a menudo abro los ojos con un «¡vaya por Dios!», «¡joder!»,…
No soy perfecto y hay días malos para todos; a veces también hace falta asimilarlo, entender la causa del dolor y tomarnos un tiempo para quedarnos plácidamente sin hacer nada y a la espera… porque uno también ha aprendido que «todo tiene su tiempo» (Eclesiastés 3 ss) y que «no por mucho madrugar amanece más temprano».
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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