Honrar la vida - con Mercedes Sosa -
Vamos a escuchar una canción. ¿Te parece? Te propongo esta canción de la siempre grande Merces Sosa: https://www.youtube.com/watch?v=WdfHQf18oUU
Hace ya tiempo que descubrí que la clave de la gratitud reside en el perdón, que etimológicamente significa «hacerse un regalo».
Me siento agradecido cuando me doy cuenta de que, antes que nada, debo sentir amor por mí mismo; es decir, debo aceptarme diciendo: «Aquí estoy, esto es lo que soy, este soy yo». Para poder aceptarnos, de hecho, debemos vivir sin vergüenza.
Este momento histórico, más que muchos otros, está desvelando el «sueño» de la rutina que acompañaba nuestros días y nos mantenía ciegos ante nuestras necesidades internas.
La pausa con la que uno camina me invita, de hecho, a ver quién soy realmente, qué hago con mi vida y, si me esfuerzo por profundizar aún más, también me muestra en qué puedo convertirme, porque puedo ser mucho más de lo que soy ahora.
La pregunta que quizá nos podamos hacer no es: «¿Quién soy?», sino: «¿En quién puedo convertirme, si me pongo en camino?».
Para alcanzar la conciencia de en quiénes podemos convertirnos, debemos dar un primer gran paso, que implica el perdón. Cuando soy capaz de mirarme a mí mismo a los ojos y no sentir vergüenza de quién soy, de lo que he hecho, porque me doy cuenta de que de cualquiera de mis errores puedo aprender a ser mejor, entonces (y solo entonces) comprendo la necesidad de honrar el regalo que se me ha hecho: el regalo de la vida.
Algunas personas culpan a la vida de su malestar, ¡pero se equivocan!
La vida no es más que un regalo: el de poder despertarnos de la ilusión de ser lo que no somos y comprometernos a ser lo que podemos llegar a ser, aprendiendo a resistirnos a aquello que nos destruye, a esa oscuridad que a veces nos invade hasta el punto de hacernos negar la vida misma, y a rendirnos a —lo que yo denomino— aquél que es el mejor de nosotros mismos.
En los monumentos antiguos, la gratitud se representa mediante la figura de una mujer que sostiene en la mano un ramillete de flores de habas y a la que sigue una cigüeña.
La cigüeña es la que anuncia la vida, mientras que las habas han tenido a lo largo de la historia dos significados simbólicos, ya que en un principio estaban relacionadas con el mundo de los muertos y, posteriormente, con el renacimiento, la abundancia y la riqueza. Esta mujer representa el alma, la parte femenina, creativa y generativa, capaz de cuidar de la vida que hay en cada uno de nosotros.
Es precisamente esta misma vida que fluye en nuestro interior la que nos regala este instante, y solo sumergiéndonos en él podemos honrar la vida —y, por tanto, a nosotros mismos— disfrutando plenamente de su fruto, que es, precisamente, la presencia.
Quiero retomar aquí una cita de la película Kung Fu Panda,
magnífica por su claridad al respecto:
«Te preocupas demasiado por lo que fue y lo que será. Hay un dicho: ayer es historia, mañana es un misterio, pero hoy es un regalo. Por eso se llama presente».
La gratitud pasa, por tanto, por captar el verdadero
sentido del perdón que nos permite comprender la gratuidad
de este instante. Descubrir que hay cosas que no se pueden comprar, sino que,
por el contrario, necesitan que nos entreguemos a ellas para vivir, nos permite
adentrarnos en una nueva sensibilidad, haciéndonos encontrar con la vida a otro
nivel.
«Aquí estoy, esto es lo que soy, esto soy yo» significa que no me fijo en mi límite —que no niego porque ya lo conozco y del que no huyo—, sino que lo acepto como punto de partida para aprender a superarme.
Cuando desato el nudo del miedo, de la incertidumbre, de no sentirme reconocido, de la necesidad de ser aclamado, puedo crecer y relacionarme con una dimensión más amplia.
Así es como me preparo para dejar atrás aquello a lo que me había aferrado para «avanzar hacia», es decir, para evolucionar.
Cuando dejo ir mi necesidad de avanzar hacia mi ego y su deseo de imagen, de poder, de reconocimiento… mi vida se vuelve increíblemente productiva.
Ya no estoy apegado a tantas cosas. Y aún me queda margen para desapegarme de aquellas a las que sigo apegado. Me gusta que las cosas se encuentran a una distancia adecuada, lo que me permite determinar, cada día, quién soy realmente y qué es lo que de verdad me importa, y vivir en consecuencia.
La vida como gratitud permite dejar con el tiempo la huella viva de nuestra presencia.
Este es el momento en el que estoy llamado a ser agradecido y a convertirme en amante de la vida, honrándola y mereciéndola.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF




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