The Chosen
Esta serie me ha impresionado, y sin duda para mejor de lo que había imaginado. Pero, ¿cómo puede una serie de televisión hablar de Jesús sin caer en lo banal? Las cifras y el impacto de The Chosen ya dan una primera idea del éxito.
Nacida casi como una apuesta, financiada íntegramente por los seguidores a través del crowdfunding (se recaudaron más de 100 millones de dólares) y distribuida gratuitamente online, la producción estadounidense se ha convertido en un auténtico fenómeno mundial, capaz de cautivar tanto a creyentes como a no creyentes.
El secreto de su éxito, episodio tras episodio, me ha parecido evidente: en lugar de limitarse a escenificar los episodios evangélicos, The Chosen intenta imaginar lo que los Evangelios no cuentan. ¿Cómo vivían los apóstoles antes de conocer a Jesús? ¿Cuáles eran sus miedos, sus fracasos, sus esperanzas? Y, sobre todo: ¿qué tipo de hombre era Jesús en la vida cotidiana?
La respuesta de la serie sorprende. El Jesús interpretado por Jonathan Roumie no es una figura distante y solemne, sino una presencia viva: se ríe con los niños, bromea con los amigos, trabaja la madera, escucha a quienes sufren. Su humanidad no resta importancia a su grandeza; al contrario, la hace más cercana al espectador. Y quizá esta sea la elección más acertada de la serie.
También los Apóstoles dejan de ser simples nombres leídos en los Evangelios y se convierten en personas de carne y hueso, con defectos, celos, entusiasmos y dudas. Mateo, Nicodemo y María Magdalena adquieren una profundidad psicológica poco habitual en las representaciones cinematográficas tradicionales de la vida de Jesús, y el espectador acaba así caminando junto a ellos, compartiendo sus preguntas incluso antes que sus certezas.
Desde el punto de vista narrativo, la fórmula funciona:
el ritmo pausado de la serie permite profundizar en los personajes y las
situaciones con un cuidado imposible de lograr en una película de dos horas.
Algunas escenas resultan especialmente intensas y son capaces de transmitir con
gran fuerza el valor humano de los relatos evangélicos.
Pero precisamente aquí surge también el debate.
Los autores, procedentes en su mayor parte del ámbito cristiano evangélico (aunque cuentan con el apoyo de asesores católicos y judíos), declaran desde el principio que The Chosen es una obra de ficción: no pretende sustituir a los Evangelios.
Las escenas y los diálogos inventados tienen como objetivo dar rostro y profundidad a los personajes, sin alterar la esencia del mensaje evangélico. La intención es ayudar al espectador a sumergirse en la narración, no a reescribirla.
Este enfoque recuerda, en ciertos aspectos, una antigua tradición de la espiritualidad cristiana. En sus Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola invita a quien reza a imaginar lugares, personas, gestos y palabras de los relatos evangélicos —la compositio loci— para involucrar no solo la inteligencia, sino también los sentidos y el corazón.
También Santa Teresa de Ávila recomendaba contemplar la humanidad de Cristo como vía privilegiada para crecer en la fe.
Desde esta perspectiva, The Chosen utiliza el lenguaje del cine para favorecer una experiencia contemplativa, más que para ofrecer una reconstrucción histórica.
Por supuesto, este enfoque no pone a todos de acuerdo. A mí, por ejemplo, me han llamado la atención algunas decisiones y libertades narrativas que corren el riesgo de alterar la percepción del Jesús histórico: el papel de Juan el Bautista se ve notablemente reducido, algunos episodios resultan poco verosímiles desde el punto de vista histórico y la serie mezcla sin distinción elementos procedentes de los cuatro Evangelios, nivelando diferencias teológicas que los estudiosos consideran fundamentales.
Pero creo que es necesario distinguir entre el lenguaje de la ficción y el de la exégesis bíblica.
Una serie de televisión no puede sustituir al estudio de los Evangelios ni al trabajo de los historiadores; sin embargo, puede desempeñar otra función: suscitar preguntas, despertar la curiosidad e invitar a profundizar.
Y quizá sea precisamente este el motivo de su gran éxito.
Algunos espectadores cuentan que han vuelto a leer el Evangelio tras ver la serie, deseosos de comparar el relato televisivo con el texto bíblico. Si esto ocurre, The Chosen probablemente alcanza su objetivo más auténtico: no ofrecer la última palabra sobre Jesús, sino acompañar al espectador hasta el umbral del Evangelio.
Más que un sustituto de la Palabra, The Chosen trata de ser una puerta de entrada, una puerta que, al cruzarla con discernimiento y espíritu crítico, puede transformar un simple visionado de una película en un encuentro con la historia y la vida humana de Jesús de Nazaret y, para muchos, tal vez, en el inicio de un camino de búsqueda y de fe.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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