sábado, 14 de marzo de 2026

San José, Patrón de la Buena Muerte.

San José, Patrón de la Buena Muerte

Hoy es el día de San José. El Patrón de la Buena Muerte. Otras reflexiones sobre San José se encuentran en este blog.

 

En cuanto termine todo esto, porque terminará, de una forma u otra, pero terminará, quiero volver a lo único por lo que siento que estoy en el mundo, lo único que he comprendido, lo único que hoy me atrevo a llamar «vocación»: quiero volver a aprender a morir.

 

Aprender a morir, día tras día. Y aprender a amar, claro, pero quizá sea lo mismo. Hay que enfrentarse a la vida y a la muerte, prodigioso duelo.

 

Quiero volver a casa, arriba, al silencio, a ese hogar elegido lejos de la ilusión de que el mundo es algo dado por sentado, disponible, fácil. Lejos de un mundo que se engaña creyendo que nunca tendrá que morir. Lejos del engaño de que todo está siempre a nuestra disposición.

 

En el mundo se muere cada día, es la historia de cada día la que lo cuenta, demasiada muerte como para seguir engañándonos, demasiados escombros de un tiempo que ya no volverá. Demasiados recuerdos, demasiados abandonos, demasiados vacíos.

 

La muerte no se esconde. La vida y la muerte están sentadas a la misma mesa. Uno ya ha comenzado a aprender a no dar nada por sentado. El silencio no da miedo. Porque donde muchos ven una derrota… yo sé, en mi corazón, que es precisamente una victoria: la rendición de quien ha dejado de huir.

 

La naturaleza marca los ritmos. Y la naturaleza sabe que no hay vida sin muerte. 



Llega un día en el que la agenda se ha vaciado. Donde ya no tengo que hacer ni demostrar nada a nadie. Donde mi «no hacer» es una sonrisa a la vida al morir. Donde ya he dejado morir gran parte de mí, donde aún tengo que aprender a acompañar muchas cosas hacia el final.

 

Volver a casa... antes de que haga noche oscura.


Quiero volver a casa, quiero volver a aprender a morir, y a amar. 


Quiero caminar despacio y detenerme, caminar hacia el hogar y ser acogido con toda mi precariedad y que este yo pueda cargarse de aquella verdad original… en aquel abrazo sin fin, cuando Alguien se me eche al cuello y me cubra de besos... y haga fiesta por mí.

 

No, por favor. No es el momento de respuestas. Menos aún de consuelos fáciles. 


Ni he hecho ninguna pregunta. Ni pretendo ser consolado. 


Solo quiero ir a la casa paterna. Solo quiero ampliar un espacio de silencio en este camino. Solo quiero desplegar el silencio y vivir este tramo de peregrinación.

 

No, no es el momento de crear ni de construir nada. Vaciar, dejar ir. Morir. Aligerar y deprenderse. Soltarse. Morir de nuevo. Para ser sostenido otra vez de manera definitiva, de la mano más fuerte, o en el abrazo más fuerte.

 

Es el momento de seguir desarmando la ansiedad por la eficacia del rendimiento y dar dignidad al misterio de la vida.

 

Y no tener más miedo a fracasar porque no hay ningún objetivo salvo el de fracasar.

 

Y hacer solemne cada derrota.

 

Y dejar de pretender y ansiar.

 

Y soltarme.

 

Y ser acogido y acoger... en el surco de la tierra.

 

Y dejar que suceda el encuentro en la casa paterna, en el banquete del hogar. Con todos... sin exclusión. Para siempre. 



P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Qué presente y futuro cristianismo católico en Europa

Qué presente y futuro cristianismo católico en Europa Detrás o debajo de esta reflexión está la lectura de un artículo del Periódico “ Ara ”...