domingo, 28 de junio de 2026

No temas, yo estoy contigo - Isaías 41, 10 -.

No temas, yo estoy contigo - Isaías 41, 10 -

En la vida personal uno pasa por momentos de desafío.

 

Cuando recibimos una mala noticia, una de las reacciones más espontáneas es preguntarnos: «¿Por qué precisamente a mí?», o decirnos: «No es justo».

 

Son preguntas profundamente humanas.

 

Ante el dolor, la enfermedad, la pérdida o el fracaso, a menudo nos sentimos desorientados y tentados a pensar que todo carece de sentido.

 

Para algunos, el sufrimiento se convierte incluso en un motivo para dudar de Dios: «Si Dios existiera, no habría todo este dolor en el mundo»; «Si Dios existiera, no me haría esto».

 

Sin embargo, la Biblia nunca nos presenta a un Dios que prometa una vida fácil. 

De hecho, en la Biblia Dios no nos promete una vida sin dolor. Nos promete «solo» acompañarnos. 

Dios no nos promete que siempre gozaremos de buena salud.

 

No nos garantiza que nuestros seres queridos nunca sufrirán. No nos vende la ilusión de poder distanciarnos del dolor, de alcanzar la apatía dichosa. No nos promete que cumpliremos fácilmente todos nuestros sueños ni que nos libraremos de las pruebas de la vida. Nada de todo esto se encuentra en las Escrituras.


Pero sí hay una promesa infinitamente más hermosa que recorre toda la Biblia: Dios estará con nosotros.

 

En el Salmo 91, David describe al Señor como su refugio y su fortaleza.

 

En los Evangelios vemos a Jesús presente en la barca durante la tormenta; los discípulos están aterrorizados por las olas, pero su presencia lo cambia todo. La tormenta no desaparece de inmediato; lo que cambia es la certeza de que no están solos.

 

La fe no consiste en creer que no sucederán cosas terribles. Consiste en saber que, pase lo que pase, Dios no nos abandonará.

 

Dios es fiel. Es constante.

 

Es el único punto firme en un mundo que cambia continuamente. Las circunstancias cambian, la salud puede fallar, los proyectos pueden fracasar, pero su amor permanece.

 

Por eso la fe puede convertirse en una fuente de consuelo en los momentos más difíciles.

 

No porque haga que el dolor sea menos real, ni porque nos adormezca la conciencia con una dulce mentira, sino porque nos recuerda que, en medio del dolor, podemos encontrar su paz y su gracia.

 

Porque nos recuerda que existe un ancla capaz de mantenernos firmes cuando todo parece derrumbarse.


El Creador de la Vida, el origen de los átomos y de las galaxias, es una fuente de amor: he aquí el gran consuelo de la fe, que nos permite atravesar el dolor con gracia y esperanza.

 

Dios no desea nuestro sufrimiento y no se complace en castigar a sus hijos. El dolor forma parte de la condición humana, de un mundo marcado por la fragilidad.

 

Pero precisamente allí, en el lugar de nuestra herida, Dios sale a nuestro encuentro y nos dice: «No temas. Yo estoy contigo».

 

El amor no borra el dolor, pero impide que este tenga la última palabra. El amor nos permite estar heridos sin caer en la desesperación, llorar sin perder por completo la esperanza, enfadarnos sin odiar.

 

En su designio de gracia, incluso el dolor tiene su belleza, porque nos abre el corazón al sufrimiento tantas veces ajeno, tantas veces propio.

 

Sufrimos, sí. Pero su presencia - tantas veces como misteriosa compañía que parece ausente – acompaña: «No temas. Yo estoy contigo».


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

No hay comentarios:

Publicar un comentario

My way - A mi manera -.

My way   - A mi manera - Te invito a escuchar esta interpretación de Frank Sinatra con subtítulos en castellano: https://www.youtube.com/wat...