¡Bienaventurados!
El autorretrato más preciso y fascinante de Jesús —la imagen que Él mismo nos revela e imprime en nuestro corazón— las Bienaventuranzas se convierten en la revelación de una vida posible para nosotros si echamos raíces en la humanidad de Jesús.
Entonces comprendemos que incluso la persecución y la aflicción, la ausencia de paz y la falta de justicia, son situaciones que pueden abrirnos a la bienaventuranza
- enseñándonos a
construir la paz,
- a atrevernos a ser
misericordiosos,
- a vivir con
mansedumbre,
- a crear belleza.
Son el anuncio de que Dios se alía con la alegría de los hombres, se ocupa de ella. El Evangelio nos asegura que el sentido de la vida está, en lo más íntimo, en su núcleo más profundo, en la búsqueda de la felicidad.
Las Bienaventuranzas son también un programa para quienes se ponen al servicio de la vida – según aquel adagio clásico de que la gloria de Dios es que el ser humano viva -.
Un programa inesperado, a contracorriente, que provoca y llama a un verdadero cambio de vida, que abre caminos que dejan sin aliento:
- bienaventurados los
pobres,
- los que se empeñan
en proponer caminos de justicia,
- los constructores
de paz,
- los que tienen el
corazón manso y ojos de niño,
- los no violentos,
- los que son valientes porque están desarmados: ellos son la única fuerza invencible.
La felicidad que prometen las Bienaventuranzas no es solo la futura, la del más allá: Jesús no dice que los pobres, los mansos, los afligidos «serán» bienaventurados; dice que «son» bienaventurados, que ya lo son ahora.
Imbuidos de esta alegría
- la pobreza se
convierte en riqueza;
- las lágrimas pueden
convertirse en alegría;
- la pureza de
corazón se convierte en transparencia de Dios;
- la mansedumbre
vence más que la violencia;
- la misericordia
penetra y convence más que la severidad;
- la paz prevalece
sobre la guerra;
- el amor supera al odio y lo destruye.
Al vivir la exigente lógica de las Bienaventuranzas, seguimos trazando continuamente caminos de esperanza y afirmando que el mundo no está ni estará, ni hoy ni mañana, bajo la ley del más rico y del más fuerte, sino bajo la ternura de los compasivos y la misericordia de aquellos que han aprendido a ser humanos.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

No hay comentarios:
Publicar un comentario