Pasión por Dios - San Mateo 16, 21-27 -
La obediencia a la Palabra de Dios lleva al profeta a denunciar las injusticias y la violencia que se cometen dentro del Pueblo de Dios y, por ello, a enfrentarse a la oposición, la marginación y las burlas por parte de aquellos a quienes profetiza Jeremías; el seguimiento de Jesús introduce al discípulo en un camino marcado por la asunción de la cruz y cuyo horizonte es la pérdida de la vida.
La experiencia espiritual de Jeremías, tras el entusiasmo de la adhesión al Señor y la dulzura y la belleza vividas en los momentos iniciales de la llamada, cuando la Palabra del Señor era para él «el gozo y la alegría de su corazón» (cf. Jer 15,16), se ha convertido, con el paso de los años y el desarrollo de su ministerio profético, en una experiencia de amargura y sufrimiento.
El profeta se siente engañado por Dios: ¿fue una verdadera vocación? ¿O se trató de un error? ¿De un engaño? ¿Dios lo llamó o lo obligó?
En el centro de la crisis, en la que el profeta se ve tentado a abandonar el ministerio recibido («Ya no hablaré más en su nombre»: Jer 20,9), Jeremías encuentra la renovación y la confirmación de su vocación en lo más profundo de sí mismo, en el corazón aún encendido por la Palabra de Dios. Si el Señor es una pasión, entonces también la crisis será un momento de verdad para la fe y la vocación. El Señor como pasión: este es el reto para los cristianos de hoy.
Pedro, Cefas, la «roca», aquel a quien se le ha llamado a confirmar en la fe a sus hermanos (cf. Lc 22,32), a quien el Señor ha confiado una tarea fundamental en la Iglesia (cf. Mt 16,18), puede convertirse en «escándalo», es decir, piedra de tropiezo en el camino de la fe. Jesús incluso le reprende duramente, llamándole «Satanás» (Mt 16,18).
Y esto ocurre cuando Pedro se aparta del seguimiento para situarse delante de Jesús y darle una lección. Entonces demuestra que no siente ni piensa según Dios, sino de manera mundana. Así, la bienaventuranza que Jesús dirige a Pedro en Mt 16,17 no queda, desde luego, anulada, sino relativizada por esta reprimenda que sitúa a Pedro bajo una luz muy realista. Único es el fundamento de la Iglesia: Jesucristo (cf. 1 Cor 3,11; 1 Pe 2,4-5). El servicio de Pedro está al servicio de ese carácter único.
La cruz es siempre un escándalo: solo integrando el escándalo de la cruz en nuestro camino de fe podemos evitar convertirnos nosotros mismos en motivo de escándalo para el Evangelio y escandalizarnos ante el Mesías crucificado (cf. Mt 26,31: «Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche»).
Pedro, en su rebelión contra la cruz de Jesús, expresa esa actitud de repulsión que a menudo es también la nuestra y que nos lleva a confesar correctamente la fe y a desmentir esa confesión en la práctica.
La cruz es el elemento más radicalmente ajeno al «mundo»: el Pedro que se rebela contra ella muestra su conformismo mundano, su ajustarse a los parámetros y criterios de la mundanalidad, su pensar y sentir conforme a los hombres y no según Dios.
Las palabras de Jesús al discípulo hablan de la pérdida de uno mismo necesaria para estar en contacto con el propio yo verdadero (cf. Mt 16,24-26). Hay una negación de uno mismo, un dejar de conocerse a uno mismo, una salida de una vida egocéntrica, de la búsqueda de autojustificaciones, que permite al discípulo encontrar, como don, y ser alcanzado, por gracia, por la verdadera vida.
Se trata del paso pascual de la vida como posesión y como poder, a la vida como don y como gracia. Es la vida vivida en Cristo y para Cristo, es la vida de Cristo en nosotros: «Quien pierda su vida por mi causa, la encontrará» (Mt 16,25).
«¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida?» (Mt 16,26). El texto vislumbra la situación de unos hombres empeñados en poseer, en extender su actuar y su acumulación más allá de sí mismos, fracasando de hecho en su propia vida, perdiéndose a sí mismos.
Seguir a Jesús significa poner la propia vida en su vida por amor. Lo que se pierde por amor, en realidad no se pierde, sino que se entrega. Y lo que se entrega por amor, se recupera en la relación.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF


No hay comentarios:
Publicar un comentario