sábado, 8 de agosto de 2026

Educarse (y educar) en el perdón, la gratitud, la compasión.

Educarse (y educar) en el perdón, la gratitud, la compasión 

Lo primero es la capacidad de perdonarme a mí mismo. 

El amor por mí mismo está indisolublemente ligado a cuidarme. 

¿Qué significa esto? Cuidarme significa aceptarme tal y como soy, acogerme con todas mis limitaciones y errores. 

No para quedarme estancado en esa situación, sino para reconocer lo que he aprendido de ella e intentar seguir mejorando. 

Decirme que quiero ser una persona que tiene un camino, una dirección, un propósito, una meta e, incluso, una misión. 

Amarme a mí mismo depende, por tanto, de mi capacidad para decirme: «Te acepto tal y como eres, sin ningún juicio». 

Cuando dejo de juzgarme y condenarme, por fin puedo reconocer lo maravilloso e importante que es este momento que estoy viviendo y, desde una posición de derrota, me convierto en alguien que participa en la vida, haciendo que nazca en mí la gratitud. 

Lo segundo es la capacidad de estar agradecido. 

Si soy capaz de amarme y aceptarme tal y como soy, me vuelvo agradecido y descubro que también puedo aceptar al otro. 

Todo lo que nos hacía diferentes y nos alejaba se reordena, dejándome libre para crear una nueva relación en la que podamos reencontrarnos. 

Por lo tanto, suspender el juicio o la condena sobre mí mismo me permite suspenderlo también sobre el otro y aclara en mi mente la relación indisoluble que existe entre todos los seres humanos y toda la creación. 

Por último, la capacidad de ser compasivo. 

En el instante en que deseo para el otro el mismo bien que he deseado y persigo para mí, descubro el sentido de mi estar aquí y ahora: amarme a mí mismo, para amarte a ti, para amar. 

Este amor tiene una triple dimensión: 

1. Al prestar atención a mí mismo, me vuelvo capaz de prestar atención al otro. 

2. Al escucharme a mí mismo, soy capaz de escuchar al otro. 

3. Al trazar para mí un nuevo escenario para mi vida, soy capaz de ofrecer al otro otra posibilidad, abandonando el esquema rígido en el que lo había encerrado. De hecho, si ayer se equivocó, no significa que tenga que seguir equivocándose. 

Así pues, el paso de la compasión me permite dejar en manos del otro la decisión de estar dispuesto a mostrar la mejor versión de sí mismo. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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