jueves, 24 de septiembre de 2026

El Reino os pertenece a vosotros.

El Reino os pertenece a vosotros 

¡Bienaventurados vosotros, los pobres! 

No es una caricia, no es un consuelo: es un grito que rasga el cielo y la tierra, un trueno que derriba los palacios de los poderosos. 

¡Vuestro es el Reino de Dios! 

He aquí la palabra que derriba los tronos, que trastoca la lógica impuesta por los siglos, que humilla a los ricos y exalta a los últimos. 

Leo estas palabras ante rostros marcados por el cansancio y el sufrimiento: ante Dios, ellos son los benditos, los destinatarios de una revolución que no deja escapatoria. 

El Evangelio irrumpe en el corazón de la historia, aniquilando las certezas de lo moderno, destruyendo los mitos de la riqueza y el éxito. 

Bendice a los pobres. 

Y  maldice a los ricos. 

Ésta es la ley que ningún sistema puede soportar, que ninguna civilización se atreve a acoger sin temblar. 

Acoger las bienaventuranzas es entrar en choque frontal con la mentalidad dominante, posicionarse contra corriente, golpear los muros de la indiferencia. 

Es un camino que exige la muerte del sistema, la deconstrucción radical de los sueños impuestos por el poder. 

¡Bienaventurados vosotros, los pobres! 

No es una doctrina para almas débiles. 

Es una llamada al derrocamiento, una marcha a contracorriente de la historia, hacia una meta que nadie se atreve a nombrar. 

La pobreza evangélica no es miseria sufrida, sino una elección de despojo, de desafío, de abandono. 

Quien se pone en camino como discípulo, entra en esta lucha: abandona, pierde, se anula para encontrar, en quienes están excluidos y perseguidos, el verdadero sentido de la historia. 

Estas bienaventuranzas son un desafío lanzado entre las ruinas de las civilizaciones. 

Jesús traza el sentido de la historia en unas pocas palabras, absolutas, tremendas: la sorpresa es total, la novedad nos pilla desprevenidos, incapaces de reaccionar. 

No basta con comprenderlas; hay que dejarse arrastrar por ellas, asimilarlas, vivirlas. 

El camino no es solitario: es una convocatoria para formar la comunidad de los pobres, despojados por Cristo, revestidos de fuego y de amor. 

Vosotros, los pobres, sois el corazón que late en la oscuridad, la profecía que juzga al mundo, el sacramento del Año de Gracia, la carne del Reino. 

La época de los mitos ha terminado: ahora reina la lógica del Evangelio, que exalta a quienes no tienen nada y aniquila a quienes lo poseen todo. 

Y con Ricardo Cantalapiedra cantamos: https://www.youtube.com/watch?v=4ndz2Kc9WYU

Bienaventurados vosotros, los pobres: la historia es vuestra, el Reino de Dios os pertenece. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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