Peregrinos del Misterio
Desde siempre, en las profundidades más recónditas de la creación se esconde un Misterio insondable, tan antiguo como la propia aurora de los mundos.
No se trata de un vacío, de una simple ausencia, sino
de una Presencia vibrante y velada, una sombra que resplandece en el silencio y
actúa, invisible, en el corazón de la historia humana y entre las galaxias del
universo.
Esta Presencia teje la trama de la existencia con
hilos de armonía arcana, guiando cada cosa con un diseño sutil que escapa a la
lógica de quienes querrían enjaular y dominar lo desconocido.
Es el misterio del Misterio: el abismo que llama
abismo, la pregunta que no encuentra respuesta en la arrogancia de la mente,
sino solo en la humildad del corazón abierto.
Pero la profecía susurra: el velo que cubre el Misterio no es impenetrable.
Se levanta, como la niebla ante los primeros rayos del
sol, no para el ojo común, sino para aquel que custodia una llave rara y
preciosa.
Esta llave es la pasión ardiente, un fuego sagrado que
arde en el pecho e impulsa a la búsqueda incansable; es el deseo puro, la sed
de conocimiento que no busca ganancia ni poder, sino que se nutre únicamente de
la alegría del encuentro; es el amor desinteresado por la verdad, el vínculo
más elevado que puede unir a una criatura con el propio Misterio.
Bienaventurado quien se convierte en peregrino del
Misterio con un corazón dócil y puro, sin pedir nada a cambio: a él se le
revelarán aquellas cosas que se escapan a la mayoría, los significados supremos
de la existencia, el principio y el fin que se abrazan como las aguas de un
gran río en el mar.
El alma del buscador verá lo que los ojos no perciben,
y su espíritu respirará la armonía secreta que mueve las estrellas y los
destinos.
Por eso, mira más allá del velo de lo útil y lo
tangible, no te quedes en la superficie que lo oculta todo.
Solo en el silencio profundo de tu alma, cuando todas
las voces se acallen y la mente se vacíe, el Misterio te hablará.
Y será como escuchar al viento que cuenta la historia
del mundo, como sentir el antiguo latido que vibra en cada cosa creada.
Recuerda: quien
busca, encuentra, y a quien llama, se le abrirá.
No te dejes engañar por el estruendo de lo efímero,
sino mantente fiel al fuego que arde en tu interior.
Así, un día, el Misterio se revelará ante tus ojos
como una revelación, y sabrás que nada ha sido en vano.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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