En cada semilla late en Misterio
El Misterio no es una piedra esculpida, no es un ídolo silencioso confinado en los templos del incienso y de la jaculatoria, del rito y del sacramento, donde tantas veces lo encadenamos para tenerlo a nuestra disposición.
¡No! El Misterio es dinamismo vivo, un viento
imparable, un río que rompe los diques de lo estático a la que la tradición lo
ha obligado.
Ha sido el yugo de la lógica humana el que ha modelado
de él una imagen distorsionada, un contenido fijo e inanimado.
En verdad te digo: ninguna mente podrá jamás abarcar
el Misterio, ninguna fórmula podrá jamás agotar su abismo.
Así como el sol sale y se pone sin que el hombre
gobierne su curso, así el Misterio se manifiesta y se oculta a su antojo; se
ofrece a quien, con humildad, depone las armas de la presunción.
Pero he aquí la verdad: ¡el Misterio se mueve, sale y
siembra!
En cada semilla sembrada, en cada parábola narrada, hay una chispa del don divino. Para quienes tienen oídos para oír y corazones abiertos para acoger, esa semilla germina y hace realidad la plenitud de la vida.
Es nuestro origen, la fuente de la que brotamos, y
solo en ella nuestra existencia encuentra su plenitud.
Una relación íntima e intrínseca nos une a esta
fuente, un vínculo que solo se revela en el acto de acoger, al recibir el
Misterio como gracia inefable.
No se saca agua viva de los pozos secos de la
soberbia, sino que solo quien se sacia con las manos desnudas, con sencillez,
conoce el sabor de lo Invisible.
Y, sin embargo, generación obstinada, ¿por qué tanta
resistencia? ¿Por qué el corazón occidental erige muros de orgullo y rechaza el
don que salva?
Esta obstinada oposición revela un camino a
contracorriente, una humanidad que ha perdido el camino maestro.
Sois como viajeros que, deslumbrados por su propia linterna, no ven salir el alba; como náufragos que rechazan la cuerda lanzada desde la orilla, prefiriendo ahogarse en la tormenta de sus propios pensamientos.
Pero quien tenga el valor de derribar las murallas de
la arrogancia tendrá nuevos ojos para ver lo que siempre ha estado ante él.
La física cuántica, con sus enseñanzas que resuenan
como ecos de antiguas verdades, nos susurra sobre la interconexión de todas las
cosas.
Todo está vinculado, todo es uno, y, sin embargo, el
hombre se obstina en no reconocer la Fuente palpitante de la que todo tiene su
origen y en la que todo vive.
Incluso las partículas bailan en una armonía secreta,
se buscan, se separan y se reencuentran, obedeciendo a leyes que la razón
susurra, pero que el corazón intuye.
Así que tú también, hijo del hombre, no lo olvides:
eres un hilo de oro en el tejido inefable del Misterio.
Hay una cultura que ha remado en contra. Siglos de caminos existenciales que, en lugar de iluminar el rostro del Misterio, lo han oscurecido con la sombra de la duda y la separación.
Es hora de despertar, de derribar los ídolos de la razón
y acoger el flujo imparable de la Vida que se entrega.
Levántate, pues, oh tierra: no permitas que la semilla
del Misterio permanezca estéril en tu seno.
Hoy es la hora de la revelación, del retorno a la
fuente, para que toda criatura cante: «¡He aquí, todo es nuevo, todo vive!»,
y la noche dé paso a la luz sin ocaso.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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