domingo, 18 de octubre de 2026

¡Bienaventurados!

¡Bienaventurados! 

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos 

Bienaventurados vosotros cuando sois capaces de hacer grandes renuncias por amor al otro; y cuando, sintiéndoos incapaces ante los problemas de la vida, los ponéis juntos a los pies del Señor. 

Bienaventurados los afligidos, porque serán consolados 

Bienaventurados vosotros, cuando la prueba os encuentra unidos y la oración común se convierte en el instrumento para afrontarla, cuando, iluminados por el Espíritu, crecéis en el conocimiento del plan de Dios para vosotros porque su consuelo será vuestra fuerza. 

Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra 

Bienaventurados vosotros, cuando no dais rienda suelta a vuestra agresividad, y abandonáis el lenguaje prepotente de la reivindicación de los méritos y de la ofensa, del juicio o del frío reparto de tareas, y adoptáis el estilo de la mansedumbre generosa, de la ternura gratuita, del don desarmado de vosotros mismos. 

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados 

Bienaventurados vosotros cuando, guiados por la Palabra de Dios, distinguís lo que es justo de lo que no lo es, sois testigos de ellos y deseáis que llegue a todo el mundo el mensaje de esperanza que contiene el Evangelio. Bienaventurados vosotros, cuando con vuestra vida os convertís en testigos de la Belleza que salva. 

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos obtendrán misericordia 

Bienaventurados vosotros, cuando hayáis aprendido a perdonaros, a aceptaros en vuestra debilidad y fragilidad, y cuando convirtáis la crisis en un momento de crecimiento personal y común. Vuestra reconciliación se convierte en una lección de amor para los demás. 

Bienaventurados los de corazón puro, porque verán a Dios 

Bienaventurados vosotros, cuando liberáis vuestro corazón y vuestra mente de los halagos del mundo y miráis lo esencial. Cuando esto se convierta en un estilo de vida, comprenderéis que sois de Jesús aunque permanezcáis en silencio. 

Bienaventurados los que traen la paz, porque serán llamados hijos de Dios 

Bienaventurados vosotros, cuando cultiváis la paz en las relaciones dentro de vosotros, con los vuestros y con todos, y cuando sentís un deseo irrefrenable de tender puentes y unir corazones con la misericordia de Dios. 

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos 

Bienaventurados vosotros, cuando decidís ir a contracorriente y os hacéis sordos a la lógica del mundo. Bienaventurados vosotros, cuando mostráis la belleza del proyecto de Dios y lo hacéis creíble y posible con la tenacidad y la fuerza que solo el Señor puede dar. 

Bienaventurados vosotros cuando, criticados y atacados, seguís mostrando la alegría de la mañana de Pascua. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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