miércoles, 28 de octubre de 2026

¡Bienaventurados!

¡Bienaventurados! 


A los que están tristes, Dios los consolará
. 

En nuestra sociedad se hacen hincapié en los derechos

y se pasan por alto los deberes.

Cada uno piensa en sí mismo.

Tendemos a buscar de inmediato

nuestra propia satisfacción... 

La consecuencia de ello es la amarga soledad,

causa de tristeza y angustia:

a veces se elige por principio,

para afirmarse por encima de todos;

otras veces nos la imponen los demás,

que marginan a quienes no pueden producir

o consumir como corresponde. 

Los afligidos - los hombres nuevos del Evangelio -

saben, como Jesús, obedecer hasta la muerte,

renunciando a la felicidad de este mundo

para aceptar el precio

de la convivencia fraterna con todos. 

Intentemos no pasar de largo apresuradamente ante quienes sufren,

compartiendo, como buenos samaritanos,

los momentos alegres y tristes de la vida.

Sabiendo lo pesada que es la soledad

de quien se siente anónimo o rechazado,

descubramos la alegría de la acogida

y del amor personal

(a través de formas de acogida, escucha, hospitalidad,

la disposición a echar una mano...). 


Bienaventurados aquellos que sienten dolor

con un ánimo profundamente religioso

y lloran por las víctimas del mal y por los malvados:

estos descubrirán

que el sufrimiento libera el corazón

y lo hace capaz del amor más elevado,

que el bien al final vencerá al mal

y la vida a la muerte. 

Bienaventurado quien sabe cargar con las cargas de su prójimo,

renunciando de buen grado a todo tipo de felicidad

propagada por esta sociedad de consumo.

Él se asemeja al callado Simón de Cirene

sobrellevando samaritanamente el dolor del otro. 


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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