miércoles, 28 de octubre de 2026

¡Bienaventurados!

¡Bienaventurados! 

Los que son pobres ante Dios tienen parte en su Reino. 

El mundo está lleno de gente

que tiene un enorme afán por ganar dinero

y anhela con todo su corazón

hacer carrera y tener éxito. 

Ser rico y famoso es 

- el sueño más hermoso,

- la aspiración más elevada,

- la cúspide de las capacidades humanas... 

Los pobres de espíritu, en cambio, - los hombres nuevos del Evangelio -

saben conformarse con lo que tienen,

para procurarse lo necesario trabajan honestamente

y, sobre todo, están infinitamente agradecidos

a quienes velan por su vida con esmero. 

Intentemos no fijarnos siempre, o antes que en nada más,

en la comida, la ropa, las ganancias, el honor…;

vivamos libres frente a los bienes de este mundo

y en solidaridad con los verdaderos pobres;

desprendámonos de las garras de la publicidad

y recuperemos 

- el gusto por las cosas sencillas,

- la belleza de los sentimientos genuinos,

- el valor de las perlas y los tesoros escondidos. 

Bienaventurado quien no cae en la trampa tendida por los Blackfridays y similares,

no ansía aumentar sus riquezas,

sino que se conforma con lo que tiene

y anhela los bienes eternos. 

Bienaventurado quien siente que todo lo que tiene (poco o mucho)

proviene del Padre; este está siempre contento,

porque siempre recibe ayuda y siente a Dios cerca. 

Bienaventurado quien se adapta a la cotidianidad de los días,

sin soñar con bonitos viajes imaginarios,

aprecia la variedad del Reino de los Cielos y eso le basta. 

Bienaventurado quien no se enaltece, complacerse siempre y solo en sí mismo

y busca la verdad y el bien que no tiene,

sacrifica y vende todo

para ganar el Reino. 

Bienaventurado quien es libre frente a los bienes

y a las estructuras de este mundo,

los utiliza para vivir con dignidad

y sabe compartir lo que tiene,

¡sin remordimientos ni ansiedades...! 


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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