¿Cuántos San
Francisco de Asís hay?
San Francisco, un santo muy popular, corre el riesgo de ser hoy en día solo una figura hagiográfica, más que histórica; es más, una figura que concentra en sí misma diversos simbolismos tan dispares que puede interpretarse y reinterpretarse en los contextos más variados, atribuyéndole imágenes, palabras y significados que surgen de la sensibilidad contemporánea y que se aplican arbitrariamente a su figura.
Así, Francisco se convierte en el ecologista ante litteram,
amante de la naturaleza y de los animales, aunque para él el sol, la luna, el
agua, el fuego y los animales no constituyen simplemente una «naturaleza»
que hay que proteger, sino que son «criaturas», hermanas en la relación
común con Dios.
Incluso el «Cántico de fray Sol» corre el riesgo
de ser interpretado en un sentido panteísta, cuando en realidad es
profundamente teocéntrico: las criaturas no son Dios, sino que remiten al
Creador. Estamos muy lejos de la espiritualidad genérica new age de la naturaleza.
Y luego está el
Francisco pacifista, muy popular. Y con razón, porque, en efecto,
estaba orientado hacia la paz, pero, una vez más, su rechazo a la violencia
debe entenderse en el marco del seguimiento de Jesús y de la fraternidad
universal.
También por eso su concepción de la paz no se limitaba
simplemente a «no luchar»: incluía también la relación con el enemigo, el
perdón y la renuncia a la posición de poder.
Y está el Francisco que cuestiona a la Iglesia, entendida como «sistema eclesiástico». Y es indudable que, al querer vivir el Evangelio de manera radical, criticaba comportamientos y estructuras cuando entraban en conflicto con el Evangelio, pero también es cierto que no concebía su propia experiencia al margen de la Iglesia, y mucho menos se erigía en fundador de una Iglesia alternativa.
Y está el
Francisco, hombre de la pobreza: esto también es cierto, pero no hay
que olvidar que su elección no se refería solo a la pobreza económica, sino a
la «minoridad»,
es decir, a no poseer, no dominar, no imponerse, no situarse por encima del
otro. La pobreza es, por tanto, inseparable de la fraternidad, la obediencia,
el servicio y la renuncia al poder.
Y está el
Francisco hombre manso, pacífico y amable. También esta es una
representación muy edulcorada, porque en realidad era un hombre radical,
exigente, ascético, a veces muy duro consigo mismo y con sus frailes.
Basta con pensar en que su idea de la pobreza no era
en absoluto romántica: exigía renuncias muy concretas y elecciones de vida
rigurosas. Y, en el fondo, precisamente de este radicalismo surgieron tensiones
muy fuertes incluso dentro de la Orden, a medida que esta crecía.
La lista podría continuar: su figura se ha vuelto tan
universal que cada uno tiende a construirse su propio Francisco: ecologista,
pacifista, anticapitalista, defensor de los animales, místico, social, anti-institucional,
etc.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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