miércoles, 7 de octubre de 2026

Sencillamente llena de gracia.

Sencillamente llena de gracia

Antes o después el Evangelio nos señala una cita concreta en el hogar de Nazaret.

 

¿Cómo sería aquel hogar? No nos interesa cómo era materialmente esa vivienda, sino qué ambiente se respiraba en él.

 

Es el propio Evangelio el que nos permite intuir el estilo de aquel hogar: un hogar totalmente abierto, si es cierto que el ángel de Dios puede acceder a él libremente.

 

«Entrando en la casa», recuerda Lucas. De hecho, no son pocas las veces en que nuestra existencia desconoce la belleza de un nuevo anuncio y de una nueva posibilidad, simplemente porque hay un cierre que no permite que ningún ángel cruce el umbral de nuestra vida.

 

«He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre, entraré, cenaré con él y él conmigo» (Ap 3,20): Dios se mueve en la historia interpelando siempre la libertad humana, sin forzarla jamás. ¡Cuántas cenas perdidas, porque tantas puertas no se han abierto!

 

En aquel hogar totalmente abierto, el arte de escuchar a los ángeles era algo habitual.

 

El ángel es aquel que anuncia la posibilidad de lo imposible. Lo imposible se hace posible porque la palabra de Dios nunca es impotente, siempre realiza lo que anuncia. Nunca es estéril.

 

Lo imposible se hace posible porque el Espíritu Santo está siempre de nuevo en acción: te cubrirá con su sombra.

 

¿Qué es el Evangelio sino la realización de lo imposible?

 

Narra que Jesús nacerá de una manera y no de otra; narra que la adúltera sea perdonada y no lapidada; narra que el hijo pródigo sea tratado como hijo y no como siervo; narra que es posible que un anciano como Nicodemo renazca; es posible incluso que un muerto desde hacía cuatro días oiga la invitación a salir; narra cómo es posible que en mi interior renazca la llama de la fe, de la esperanza y de la caridad.

 

En aquel hogar totalmente abierto, el asombro y la capacidad de plantearse preguntas eran algo habitual: se preguntaba qué sentido tenía un saludo así.

 

La reflexión era algo habitual. Se hace preguntas quien sabe que no dispone de una lectura exhaustiva y omnicomprensiva de la realidad tal y como se desarrolla ante sus ojos.

 

Hay cosas que no es posible acoger en nuestro horizonte si no aceptamos dejarnos cuestionar precisamente por esos mensajeros que Dios suscita continuamente.

 

¡Cuántas cosas nos parecen ya conocidas incluso antes de haberlas vivido! ¡Y de cuántas oportunidades de renacimiento nos privamos solo porque nos parece que no tenemos ningún seno capaz de acoger lo que va más allá de nuestro deseo o de nuestras expectativas!

 

La vida está hecha de turbaciones, de emociones confusas: pero Dios no teme este mundo interior nuestro.

 

En aquel hogar totalmente abierto, la confianza era algo habitual. ¿Cómo podría ser de otra manera si María llega a ponerse a disposición, sin reservas, de un proyecto que no era el suyo?

 

Al ángel que le trae un anuncio que trastorna su vida, María responde: ¡Hágase en mí según tu palabra!


Una respuesta así no se improvisa: nace de un corazón que siempre había guardado el deseo de estar en comunión con Dios y, por eso, acepta que sus respuestas habituales se vean trastocadas. María está segura de que abrirse a Dios nunca coincide con un empobrecimiento de su propia humanidad.

 

En aquel hogar totalmente abierto, el espíritu de servicio se sentía como en casa propia. «Soy la sierva del Señor», repite María al ángel.

 

Difícilmente pronuncia palabras semejantes quien está acostumbrado a gestionar, dominar, disponer, mandar. Las de María son palabras que dan testimonio de un estilo humilde, servicial y acogedor.

 

En aquel hogar, lo imposible era algo habitual: no sentirse haber llegado a la meta, la capacidad de enfrentarse a lo imprevisto.

 

María no obliga al plan de Dios a adaptarse a su capacidad de acogida, sino que intenta ampliar su capacidad a la medida de los designios de Dios.

 

En aquel hogar, por un lado, reinaban una gran sensatez y un sano realismo (tanto es así que María pregunta: ¿cómo sucederá esto?), y por otro, una gran disposición a dejarse llevar más allá de sí misma… a la altura del Dios que se hace criatura en su vientre.

 

En aquel hogar… se hizo la gracia más sencilla.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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