lunes, 7 de septiembre de 2026

Olas de calor que vienen para quedarse.

Olas de calor que vienen para quedarse

Calor sin precedentes, sofoco agobiante, sequía persistente y una situación hídrica cada vez más crítica, salud en peligro. Y consecuencias económicas devastadora.

 

Esto bastaría para despertarnos.

 

Pero no es suficiente.

 

Sobre todo entre los «políticos» y en los partidos más populistas y, por tanto, entre quienes los siguen.

 

¿A qué se debe esta discrepancia entre lo que constatamos y sabemos y lo que estamos dispuestos a hacer o lo que no hacemos?

 

A menudo se responde: porque aún no se sabe lo suficiente; y se añade además, con resentimiento o escepticismo: porque se exagera.

 

Pero la realidad es otra.


Lo que habitualmente se denomina «hechos o problemas ecológicos» casi siempre va acompañado de tres verbos, como si fueran su sombra: reducir, limitar, renunciar.

 

Pero es innegable que esos tres verbos chocan con un concepto de libertad impuesto desde hace ya dos siglos, es decir, el de que la libertad es «ausencia de obstáculos».

 

Y entonces esos tres verbos adquieren un único significado: el de «pérdida».

 

Acentuado además por aquellos políticos o jefes de Estado que van más allá y hablan del «fin de la abundancia». Y nunca se ha visto que se gane una causa recurriendo a los mismos términos que aquellos que la rechazan.

 

¿Qué hacer, pues, cuando los hechos, como los que he mencionado, no bastan?

 

Hay quien ha propuesto un término nuevo, un poco complicado, quizá incluso repulsivo, para explicarlo: hipo-cognición. Lo que significa, sencillamente: ausencia de una idea de la que se tiene una necesidad urgente.

 

Y ahí es precisamente donde nos encontramos.


Cada ola de calor - que sin duda se repetirá y será peor - y cada inevitable restricción de agua y cada… nos hacen comprender los límites que se nos imponen.

 

Pero ninguna expresión, en nuestro lenguaje público, nos permite vivirlos de otra forma que no sea como una amputación.

 

La sociedad tiene, no obstante, una intuición acertada: la mayoría de nosotros valoramos tanto nuestra libertad como los ecosistemas que la hacen posible.

 

Dos necesidades que nunca se han formulado conjuntamente.

 

Y es esta labor —compuesta de discusiones y debates públicos repetidos, más aún que de nuevos informes— la que podrá decidir qué haremos ante los próximos récords de calor, sequía, salud amenazada, crisis hídrica, agricultura en apuros y precios de los alimentos que suben y merman nuestro poder adquisitivo.

 

Alguien me recordaba al anciano sabio Séneca: no es porque las cosas sean difíciles por lo que no nos atrevemos, sino porque no nos atrevemos por lo que se vuelven cada vez más difíciles.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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