Una clave para vivir el tiempo presente - San Mateo 25, 1-13 -
Una parábola que se presenta como la parábola de las diez doncellas, cinco prudentes y cinco insensatas. En realidad, ninguno de los protagonistas de la parábola se muestra lo suficientemente prudente.
Tenemos a un novio que tarda en llegar, a todas las doncellas
que se quedan dormidas y, además, a las que no tienen reserva de aceite y, para
colmo, a las que sí tienen aceite de reserva para sus lámparas pero no quieren
dárselo a las demás.
¿Quién es perfecto en esta parábola? Quizá esta sea la primera pregunta que surge.
Jesús sabe narrar el reino de Dios de una manera única
y formidable. A veces lo hace con la misericordia adecuada; otras veces, como
en esta parábola, el relato de Jesús pretende servir de advertencia: ¿eres
capaz de adoptarte la actitud adecuada para acoger el Reino de Dios? ¿Llegas
tarde a este encuentro? ¿Te has quedado dormido y no sabes velar? ¿No tienes la
reserva de aceite que te permita caminar en la noche? ¿Qué haces con tu aceite?
La parábola es una invitación fenomenal a reflexionar
sobre nuestra vida interior y sobre cómo somos capaces de vivir el encuentro
con el reino de Dios.
Jesús no quiere juzgar el comportamiento de las
doncellas y del novio; la parábola comienza con una imagen llena de esperanza y
belleza.
En la noche hay diez doncellas que tienen una pequeña lámpara cuya luz ilumina esa noche. Se está preparando el encuentro con el novio y se necesita una pequeña luz en la noche. Se está preparando el encuentro con el Reino y estas pequeñas luces son un signo de confianza. Basta muy poco para iluminar la noche.
Jesús parece decir con esta parábola: fíjate, la noche
existe, pero basta una pequeña luz para indicar una dirección. Fíjate en que la
violencia existe, pero basta una pequeña lámpara de gestos no violentos para
atravesar esa noche de violencia.
Me parece hermoso el comienzo de la parábola, es un
comienzo lleno de esperanza. Lo mismo ocurre en nuestros días: llenos de
entusiasmo, con una pequeña luz que es el amor que sentimos en nuestro corazón,
salimos a desafiar la noche. Cuántas veces hemos salido llenos de una luz
entusiasta para ir al encuentro del nuevo día.
La parábola es muy realista y pone de relieve una
serie de cuestiones que hacen que las jóvenes desistan de ir al encuentro del
novio y, en consecuencia, opten por dormirse.
La primera cuestión es la de una noche que se alarga. ¿Cuándo llegará el novio? La espera se hace demasiado larga, mejor apagar la pequeña luz y descansar un poco. También esta actitud es tremendamente actual: ¿cuándo amanecerá un nuevo día, cuándo aquellos nuevos cielos y nueva tierra? El tiempo se está haciendo demasiado largo e incierto, mejor apagar la pequeña luz que hay en mi corazón y dormir un poco. No podemos permanecer despiertos continuamente.
Segunda cuestión: llega el momento del encuentro y las
jóvenes se despiertan, pero cinco de ellas no tienen aceite de reserva, no han
sabido guardar un poco de luz del corazón. No solo se han quedado dormidas,
sino que, en el momento en que era necesario, no estaban preparadas. Las otras
jóvenes no pueden compartir su aceite de reserva, no porque fueran egoístas,
sino porque cada uno está llamado a conservar su propio aceite de reserva.
Creo que hoy ese aceite de reserva puede ser también la
responsabilidad personal de conservar aunque sea una pequeña cantidad de
esperanza que me permita mantener encendida la pequeña luz en esta noche.
El aceite de reserva quizá sea esa mínima
responsabilidad personal que mantiene viva la esperanza en la noche. Y la
responsabilidad es personal, por eso no se puede ceder a otros. No regalo a
otros mi responsabilidad, sino que conservo un poquito para iluminar a quienes
ya no tienen luz.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF



No hay comentarios:
Publicar un comentario