jueves, 23 de julio de 2026

La lógica de la compasión - San Mateo 14, 13-21 -.

La lógica de la compasión - San Mateo 14, 13-21 - 

La Buena Noticia que nos llega a través de esta página del Evangelio es la de la compasión de Jesús de Nazaret. 

Jesús, nos dice San Mateo, «se compadeció» de las «multitudes» (en plural, quizá para indicar a todas las multitudes con las que se encuentra Jesús) que le seguían. 

San Mateo nos presenta a Jesús quien, con gran compasión, se inclina hacia los enfermos de cuerpo, y el contexto parece sugerir que también el don del pan que realiza se inscribe, para San Mateo, en esta lógica: la de la compasión por la carne, el cuerpo de los hombres. 

Jesús, solo en San Mateo, discierne su necesidad, yendo en contra de toda evidencia: parecía evidente que las multitudes necesitaban ir a comprar víveres, pero Él dice: «No, no lo necesitan». 

La lógica de Dios suele ser diferente de lo que parece ser una evidencia humana razonable, y San Mateo nos invita a presentarnos ante Jesús como ante el Señor que sabe de lo que necesitamos, del mismo modo que Jesús nos exhorta a presentarnos ante el Padre (cf. Mt 7,32). Jesús se preocupa por su necesidad, por la nuestra. Pero ¿cuál es nuestra verdadera necesidad? 

San Mateo vincula explícitamente este episodio con el anterior: a diferencia de San Marcos y San Lucas, escribe: «Al oír esto». ¿Al oír qué? De la muerte violenta, del asesinato de San Juan el Bautista a manos del tetrarca Herodes. «Al oír esto, Jesús…». 

Jesús comprende que el martirio de San Juan el Bautista le allana el camino, que es el anuncio de que también su cuerpo sufrirá una muerte violenta, pero —y esta es la Buena Noticia del Evangelio— esa muerte violenta será para la vida de las multitudes, de todos los hombres, por quienes Jesús siente gran compasión. 

Jesús comprende que, así como el cuerpo del Bautista fue partido, también su cuerpo se enfrentará a la muerte para convertirse en pan partido para la vida de muchos (cf. Mt 26,26-28), alimento del que los hombres realmente necesitan, pan que da vida a quienes lo acogen con fe. ¿Y no es, de hecho, precisamente la poca fe lo que Jesús reprochará a San Pedro en el pasaje que sigue inmediatamente a este (cf. Mt 14,31)? 

Y Jesús da, y a través del don se entrega a sí mismo, se entrega, pues nadie puede quitarle la vida, sino que Él mismo la entrega, la depone por su propia voluntad (cf. Jn 10,18); en plena libertad y por amor. 

Y con lo poco de que dispone, cinco panes y dos peces, Jesús sacia a las multitudes, pues si es capaz de ofrecer el verdadero pan que da vida al mundo (cf. Jn 6,33), ¡cuánto más puede dar el pan de este mundo! 

De igual modo había actuado Jesús cuando le trajeron a otro necesitado, un hombre enfermo, un paralítico, a quien Jesús le dice: «¡Ánimo, hijo, tus pecados te son perdonados!» (Mt 9,2): aquel que vino a sanar de la enfermedad del pecado, de esa devastación de la vida interior que el pecado provoca en la vida de los hombres, ¡cuánto más podrá sanar a un enfermo de cuerpo! 

San Mateo invita así a los cristianos a estar atentos y a saber leer los signos de los tiempos, los signos de que los últimos tiempos se han cumplido en la persona y en la vida de Jesús de Nazaret (cf. Mt 16,1-4), pero también los signos de esperanza que Jesús, en su compasión, ofrece a cada uno de nosotros y a todos los hombres. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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