martes, 1 de septiembre de 2026

El arte del silencio.

El arte del silencio

¿De dónde procedía la fuerza que animaba el corazón de Jesús? ¿Qué fuente secreta alimentaba su luminosa serenidad, su lucidez en los momentos decisivos, su forma amable de acercarse a las almas perdidas?

 

Había una esencia, un soplo profundo que lo distinguía de los hombres: su estilo es la meditación, una oración cultivada en los lugares ocultos, al abrigo de las miradas y los ruidos del mundo.

 

Jesús cuidaba de su alma en el silencio, y es precisamente ahí donde el Misterio encontraba morada en Él, irradiándose como una luz sutil sobre cualquiera que cruzara su mirada.

 

Sumergido en el silencio, se reencontraba consigo mismo, dejando que los acontecimientos fluyeran sin arrollarlo: el silencio se convertía así en su roca y su refugio.

 

El Misterio nace y se manifiesta en el silencio: como el rocío que cae en silencio al amanecer, así la paz se posa sobre quien la busca en lo más profundo.

 

Solo quien se atreve a detenerse, quien se sumerge en el silencio, puede escuchar la voz que habla al alma, puede percibir la profundidad de la palabra y agudizar la mirada que ve más allá de las apariencias.


Por eso Jesús elegía las primeras luces de la mañana: se adelantaba al día, le quitaba espacio a las tinieblas que se arrastran por los pensamientos y el corazón.

 

Abandonar la pereza, luchar con determinación para levantarse antes del amanecer, es el rasgo distintivo del alma que anhela la luz; por el contrario, posponer el despertar es síntoma de una noche que se prolonga, de las sombras que aún pesan sobre los huesos y el alma y no nos dejan dormir, nos mantienen despiertos y agobian el corazón.

 

No hay que tomárselo a la ligera con las tinieblas que nos envuelven por la noche. Hay que luchar con todas nuestras fuerzas para no permitir que invadan nuestros sueños.

 

¿Quizás por eso Jesús se entregaba a la oración adelantándose al amanecer?


¡Levántate y resplandece!, parece susurrar el Misterio.

 

Solo quien se sumerge en el silencio al comienzo del día aprende a pronunciar palabras que desprenden sabiduría; solo quien escucha el eco del Misterio puede vivir en su profundidad.

 

Es necesario habitar el silencio para aprender a mirar más allá, a no dejarse seducir por la superficialidad de las cosas; hay que huir del caos, buscar la soledad como se busca un tesoro escondido.

 

Esta es una de las tareas más elevadas de la vida adulta: convertirse en guardianes del propio silencio interior.

 

Solo así se puede ser, como Jesús, portadores de una fuerza silenciosa que no se deja quebrantar fácilmente por las tormentas del mundo.

 

En el silencio se esconde la verdad, y quien sabe escuchar el silencio se convertirá, él mismo, en voz del Misterio.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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