martes, 1 de septiembre de 2026

En el corazón del Misterio.

En el corazón del Misterio

¿De qué está hecho el Misterio, cuál es su sustancia, su esencia?

 

La esencia del Misterio es el amor.

 

El Misterio se manifiesta en su máxima posibilidad de ser cuando ama.

 

Es hermoso pensar que el Misterio ha moldeado y sigue moldeando cada cosa, cada ser vivo.

 

Existe, por tanto, una esencia de amor en todo lo que vive, se mueve y actúa.

 

Esta toma de conciencia contrasta con la percepción inmediata que tenemos de la realidad cotidiana, llena de conflictos, violencia y guerra, que parecen negar la esencia del Misterio y, en consecuencia, negar el propio Misterio.

 

Sin embargo, como destellos en la oscuridad, la verdad se abre paso: es la física cuántica la que, desde hace décadas, nos enseña que todo está interconectado y que la comunión es el sentido de la historia.


En los neutrones está inscrita la necesidad de colaborar para vivir.

 

El amor, desde esta perspectiva, revela el sentido de la historia, aquello a lo que tiende todo ser vivo.

 

Cada átomo, cada célula, cada latido del universo narra la misma profecía: nada se realiza por sí solo, todo se realiza en el encuentro.

 

Todo esto se ha hecho visible en la persona de Jesús, en su inconfundible estilo de vida.

 

San Pablo, en la carta a los Efesios, nos recuerda que Jesús resolvió el problema de la guerra entre los pueblos atrayendo el odio hacia sí mismo y transformándolo en amor (Ef 2,14).

 

La cruz se convierte así en el símbolo de un amor infinito e inagotable, capaz incluso de transformar la muerte en vida, el desierto en una pradera verde, y las relaciones tensas en oportunidades para colaborar juntos.

 


Al igual que una semilla que muere para dar fruto, la cruz nos enseña que del sufrimiento puede nacer una nueva primavera. 

Al contemplar la cruz, aprendemos a no cansarnos nunca de amar, incluso cuando nos enfrentamos a situaciones que, humanamente hablando, parecen imposibles de sanar.

 

La antigua lógica del mundo —ojo por ojo, diente por diente— queda trastocada por la lógica del amor que se entrega hasta el extremo.

 

Era precisamente esto lo que expresaba el Cantar de los Cantares en ese hermoso pasaje final, cuando afirma: «Más fuerte que el odio es el amor» (Cantar 8, 6).


No dejemos nunca de amar, incluso cuando la realidad con la que nos encontramos parece invitarnos a desistir.

 

Recordemos la cruz de Jesús, que amó a los suyos hasta el final, aunque sabía que entre ellos había quien lo traicionaría y lo negaría: murió también por ellos.

 

En el corazón del Misterio late perpetuamente el ritmo del amor, más tenaz que la muerte, más intenso que el dolor, más eterno que cualquier guerra.

 

Esta es la profecía que nos espera: el amor es el verdadero destino, la verdadera esencia de todo lo que existe.

 

Y quien ama, incluso cuando todo parece perdido, se convierte en parte del Misterio que salva al mundo.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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