En el corazón del Misterio
¿De qué está hecho el Misterio, cuál es su sustancia, su esencia?
La esencia del Misterio es el amor.
El Misterio se manifiesta en su máxima posibilidad de
ser cuando ama.
Es hermoso pensar que el Misterio ha moldeado y sigue
moldeando cada cosa, cada ser vivo.
Existe, por tanto, una esencia de amor en todo lo que
vive, se mueve y actúa.
Esta toma de conciencia contrasta con la percepción
inmediata que tenemos de la realidad cotidiana, llena de conflictos, violencia
y guerra, que parecen negar la esencia del Misterio y, en consecuencia, negar
el propio Misterio.
Sin embargo, como destellos en la oscuridad, la verdad
se abre paso: es la física cuántica la que, desde hace décadas, nos enseña que
todo está interconectado y que la comunión es el sentido de la historia.
En los neutrones está inscrita la necesidad de colaborar para vivir.
El amor, desde esta perspectiva, revela el sentido de
la historia, aquello a lo que tiende todo ser vivo.
Cada átomo, cada célula, cada latido del universo narra
la misma profecía: nada se realiza por sí solo, todo se realiza en el
encuentro.
Todo esto se ha hecho visible en la persona de Jesús,
en su inconfundible estilo de vida.
San Pablo, en la carta a los Efesios, nos recuerda que
Jesús resolvió el problema de la guerra entre los pueblos atrayendo el odio
hacia sí mismo y transformándolo en amor (Ef 2,14).
La cruz se convierte así en el símbolo de un amor
infinito e inagotable, capaz incluso de transformar la muerte en vida, el
desierto en una pradera verde, y las relaciones tensas en oportunidades para
colaborar juntos.
La antigua lógica del mundo —ojo por ojo, diente por
diente— queda trastocada por la lógica del amor que se entrega hasta el
extremo.
Era precisamente esto lo que expresaba el Cantar de
los Cantares en ese hermoso pasaje final, cuando afirma: «Más fuerte que el odio es el amor»
(Cantar 8, 6).
No dejemos nunca de amar, incluso cuando la realidad con la que nos encontramos parece invitarnos a desistir.
Recordemos la cruz de Jesús, que amó a los suyos hasta
el final, aunque sabía que entre ellos había quien lo traicionaría y lo
negaría: murió también por ellos.
En el corazón del Misterio late perpetuamente el ritmo
del amor, más tenaz que la muerte, más intenso que el dolor, más eterno que
cualquier guerra.
Esta es la profecía que nos espera: el amor es el
verdadero destino, la verdadera esencia de todo lo que existe.
Y quien ama, incluso cuando todo parece perdido, se
convierte en parte del Misterio que salva al mundo.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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