martes, 1 de septiembre de 2026

¿Tanto os cuesta entender? - San Lucas 24,25ss -.

¿Tanto os cuesta entender? - San Lucas 24,25ss -

No debió de ser fácil para los primeros discípulos y discípulas seguir a aquel hombre de Nazaret.

 

A menudo imaginamos su «» como un camino lineal, pero la realidad consistía en un enorme esfuerzo psicológico y espiritual.

 

Seguían a Jesús, habían abandonado las redes y las seguridades, y, sin embargo, la distancia entre la propuesta del Maestro y su realidad era abismal.

 

No se trataba solo de una cuestión de comprensión intelectual; se trataba de desmontar todo un universo simbólico construido a lo largo de siglos de historia.

 

En la mente de los contemporáneos de Jesús pesaba el legado de un paradigma cultual rígido.

 

La fe se entendía como un sistema de sacrificios, prescripciones y deberes.

 

En el centro se asentaba la imagen de un Dios exigente, un soberano que no perdonaba a los transgresores y que amenazaba con castigos eternos.

 

En este contexto, la religión se había convertido en un instrumento de control social.

 

Los líderes religiosos habían erigido un muro entre lo sagrado (relegado al Templo) y lo profano (la vida cotidiana del pueblo).

 

Este Dios deformado era, de hecho, un antagonista del hombre, una entidad que servía para justificar las lógicas de poder de los señores del Templo.

 

El riesgo de reducir a Dios a un juez severo es una tentación constante en la historia de las religiones.


Jesús irrumpe en este escenario con una fuerza subversiva.

 

Define la forma de entender la religión de los fariseos como una levadura mala, un fermento negativo capaz de contaminar toda la masa.

 

Su respuesta no es una nueva ley, sino una revelación: Dios es Padre y es misericordia infinita.

 

Mientras el Templo imponía preceptos, Jesús abría caminos de liberación.

 

Con Él, la separación entre lo sagrado y lo profano se derrumba definitivamente.

 

En Jesús, lo sagrado entra en el tiempo y en la carne: todo se sacraliza y ya nada debe ser sacrificado. Es la victoria de la vida sobre la muerte y del amor sobre el odio.


¿Por qué les costaba tanto entenderlo a los discípulos?

 

La respuesta reside en lo que podríamos definir como una colonización del imaginario.

 

Durante demasiado tiempo habían asimilado el mensaje de los líderes religiosos, llegando a confundir las tradiciones humanas con la Palabra de Dios.

 

Desenmascarar esta mistificación fue el acto más valiente de Jesús, pero también el que desató el odio del poder establecido.

 

Un Dios que lo perdona todo y a todos no conviene a quienes quieren someter al pueblo a través del miedo.

 

La misericordia no es un «buenismo» barato, sino la fuerza que destruye las lógicas del poder.

 

Entrar en el camino del Evangelio significa hoy aceptar el mismo sufrimiento de los discípulos: el esfuerzo por despojarse de la vieja religión hecha de miedo y negociación con lo divino.

 

El cambio es radical: pasar del Dios-tirano al Dios-amor.

 

Solo aceptando este despojo podemos revestirnos de la luz del Misterio de la misericordia, transformando la fe de una lista de obligaciones en una experiencia de auténtica libertad.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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