miércoles, 2 de septiembre de 2026

Vosotros sois luz y sal de un mundo alternativo.

Vosotros sois luz y sal de un mundo alternativo

 

Existe una radicalidad fundamental que envuelve el Evangelio, un fuego que no admite tibieza, una Verdad que no se doblega ante las negociaciones de los eruditos ni ante las conveniencias de los poderosos.

 

Es la proclamación de una diversidad absoluta, un faro que no ilumina los senderos ya transitados, sino que orienta los pasos hacia un camino que va estrictamente en sentido contrario a la historia de los hombres.

 

Mirad la corriente del mundo: fluye impetuosa hacia la celebración del yo.

 

La historia humana está escrita con la tinta de la competencia desenfrenada, del beneficio elevado a la categoría de divinidad, del interés personal disfrazado de progreso. Es la lógica del dominio, donde el fuerte aplasta al débil y el éxito se mide por el número de cuerpos que se logran pisotear.

 

Pero se alza una voz, contraria y poderosa.

 

El Evangelio no desvía el curso de este río; lo invierte.

 

Donde el mundo grita «acumula», el Evangelio ordena «vende lo que tienes».

 

Donde el mundo exige «domina», la Palabra manda el servicio gratuito.

 

 Esto no es una simple reforma moral, es una revolución ontológica.

 

Es el escándalo de la gratuidad en un mercado donde todo tiene un precio.

 

Entre los discípulos no puede, no debe y no habrá espacio para la misma lógica egoísta del mundo.

 

Quien profesa el Nombre no puede caminar con los zapatos de la injusticia. No se puede servir a dos señores, ni se puede esparcir el perfume del cielo mientras se estrechan las manos sucias del oportunismo.

 

La comunidad de creyentes está llamada a ser la antítesis viva de la barbarie individualista. Su forma de existir, de habitar el espacio común y de relacionarse con los hermanos no es una elección de cortesía, sino un mandato profético.

 

Cada gesto de acogida, cada reparto del pan, cada lavado de pies silencioso y gratuito debe convertirse en un signo visible y tangible de la realidad moldeada por el misterio.

 

Estamos puestos como centinelas en la noche, llamados a dar testimonio de que otro Reino ya está aquí.

 

Un Reino donde los últimos son los primeros, donde quien pierde su vida la encuentra, y donde el amor no calcula la recompensa.

 

Este es el momento de la elección: o conformarnos con la corriente destinada al polvo, o abrazar la santa y bienaventurada contracorriente evangélica, para convertirnos nosotros mismos en profecía viva del mundo que vendrá.

 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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