Hacia una nueva y eterna alianza - San Mateo 21, 33-43 -
Otra parábola sobre una viña, una viña que encierra una larga historia llena de contradicciones, una historia marcada por el cuidado, la violencia, la profecía, el tiempo de espera y la responsabilidad.
La palabra que acompaña y caracteriza a esta parábola
es «alianza»,
que comenzó con el primer testamento y alcanza su plenitud con la nueva y
eterna alianza.
Las dos partes implicadas en esta alianza son Dios
Padre y toda la humanidad.
La parábola describe el momento final y decisivo de
esta alianza: la recolección de los frutos, que no es un ajuste de cuentas,
sino la recolección del fruto bueno que dicha alianza entre Dios y el hombre ha
producido, ha generado.
Y aquí tenemos dos formas de entender esta recolección
de los frutos buenos.
Por un lado los labradores descritos en la parábola.
Su forma de entender la alianza y, posteriormente, la cosecha, se caracteriza
por sentirse propietarios de la viña, por considerarse aquellos que pueden
saquear la viña y sus frutos y, para ello, no dudan en golpear y matar a
quienes son enviados a la cosecha.
En el Antiguo Testamento, estos enviados son los profetas; en el Nuevo Testamento, es el propio Hijo, Jesús.
Podemos describir así este comportamiento: estos
hombres traicionan el mandato del dueño, el de cuidar la viña, y no asumen
ninguna responsabilidad ante ella, salvo la de tomar, poseer, sentirse dueños,
casi un ansia de posesión frente a la viña y sus frutos.
Podemos pensar, por poner un ejemplo entre tantos
ejemplos de permanente actualidad, en nuestra Madre Tierra, en la Creación, y
pienso en cómo Dios Padre nos ha confiado a todos la tarea de cuidarla y en
cómo, en cambio, nos hemos creído con derecho a tomar posesión de ella, a
convertirnos en amos, a recurrir a la violencia para arrebatar sus frutos,
llegando incluso a la violencia de la guerra.
Esta es la forma de actuar de una de las dos partes de
la alianza establecida entre Dios y el hombre.
Se podría decir que este comportamiento de los siervos
que piensan saquear todos los buenos frutos de la viña es como una pérdida del
sentido de la mesura, un distanciamiento de la realidad que nos rodea, pero
también una pérdida del sentido de la responsabilidad hacia esa viña que es
signo de toda la humanidad.
Y aquí entra en juego el otro protagonista de esta
alianza: en la parábola se le llama el dueño de la viña, pero sabemos que es un
símbolo de ese Dios creador y amante de la creación y de la humanidad que
simplemente busca recoger buenos frutos.
La pregunta que marca el punto de inflexión de la parábola y que nos ayuda a comprender qué hará el Señor de la viña después de que también hayan capturado y asesinado a su hijo está redactada así: «Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con esos labradores?»
Esta pregunta, junto con su respuesta, marca la forma
totalmente diferente de pensar y actuar de Dios Padre en comparación con los
fariseos y con toda persona que se ve presa de esta falta de límites y que solo
conoce la violencia.
La respuesta humana, en consonancia con todo lo que ha
sucedido hasta ahora, sigue estando marcada por la violencia: «A esos malvados
los hará morir miserablemente y arrendará la viña a otros labradores, que le
entregarán los frutos a su debido tiempo».
La respuesta de Jesús toma otros caminos.
Se habla de una piedra desechada que se convierte en
piedra angular. La acción humana genera desechos y conocemos la cultura del
desecho; quien no logra entrar en la lógica de la eficiencia de la acción sin
límites, en la escuela, en el trabajo, en la sociedad, se convierte en un
producto de desecho.
La acción de Dios se ocupa del desecho y lo transforma
en algo que genera buenos frutos.
Para Dios, lo descartado se convierte en material para
transformar el mundo.
Así pues, el gran reto de esta parábola es retomar la
verdadera alianza que conoce el límite, que se ocupa de la justicia, de la paz
y de lo descartado, para generar buenos frutos para esta tierra y para esta
humanidad.
Esta es la nueva y definitiva alianza: la
reconciliación universal en un mundo desarmado, con un corazón desarmado y
desarmante.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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